El Correo Digital
Jueves, 7 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
CULTURA
OPINIÓN/Maestro
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Erotismo, oscuridad expresionista, violencia, irracionalidad y, por supuesto, siempre la compañía misteriosa de esa música de Angelo Badalamenti, que es como el complemento inquietante para un rompecabezas narrativo de imposible explicación. Esos son, tal vez, los elementos fundamentales en la obra de David Lynch, un maestro del cine contemporáneo que escapa no solo de cualquier clasificación o tendencia creativa, sino también de cualquier criterio comercial o de cualquier producto pensado para satisfacer las taquillas.

Estamos, pues, ante un cine singular ciertamente elitista por su inaccesibilidad y su incomprensible brillantez, al que es mejor no buscarle más explicación que la de su abstracción, la de su barroquismo visual y la de su sesgo surrealista, el cual confiere una extraordinaria belleza y sencillez a lo que sobre el papel es difícil y rebuscado.

Nada de teorías complejas para explicar el sentido final en cualquier película de Lynch, por lo tanto, ya que las lagunas en el discurso narrativo y en la estructura lógica son parte querida y esencial de un espectáculo que por encima de todo busca provocar la respuesta de los sentidos y las emociones. Eso sí, sin renunciar a reiteradas inspiraciones de lugares, de situaciones de misterio y de tipologías humanas en constante mutación. Situaciones y tipologías tan reiteradas como las de su nueva película, 'Inland Empire', donde vuelve al mundo de los suburbios de Los Ángeles o a una Laura Dern que ahora, después de tantos años, hasta podría ser la Isabella Rossellini de 'Terciopelo azul'.



Vocento