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Jueves, 7 de septiembre de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Egoi conecta el canal Discovery
El ciclista navarro superó a Íñigo Landaluce en la meta de Burgos en una etapa aún marcada por la frialdad de Sastre y el Isla Baleares
Egoi conecta el canal Discovery
VICTORIOSO. Egoi Martínez, en la meta de Burgos. / EFE
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Se notaba en la piel. A Egoi Martínez (Discovery) se le erizaba. Punteada por la electricidad de la victoria. A Íñigo Landaluze (Euskaltel-Euskadi) se le llenaba de punzadas rojas. «Mira, los impactos del granizo», apuntaba con el índice. Dolían, aunque menos que la derrota. Tras la cortina de diez etapas de sol, aguardaba ayer una tormenta. Al subir a la meseta. A la llanura flotante del Páramo de Masa. Una estepa acribillada de pronto por una nube de pizarra. Abajo, sobre el asfalto, hablaron dos amigos, Egoi e Íñigo, antiguos colegas en el Euskaltel. «Que no nos gane el ruso». El ruso era Gustov, del CSC. Funcionó el pacto. Comenzaron a conectarse los ataques. Uno tras otro. El triunfo corría por un cable de asfalto que se cortaba en Burgos. A Landaluze le patrocina una empresa de telefonía. Al navarro Martínez, una televisión. Todo corría por el cable. Y se enchufó antes la tele que el teléfono. A 12 kilómetros de la meta, Egoi acertó con el canal. Entonces notó la corriente en su piel.

Según el libro de ruta, la etapa fue de Torrelavega a Burgos. Pero, en realidad, venía de muy lejos. Del Tour. De Morzine. Antes de la salida, Eusebio Unzúe usó el cable. El del teléfono. Llamó a Sastre. Le pidió explicaciones por sus críticas, por decir un día antes que el Islas Baleares quería ganar sin trabajar. Resultó un educado diálogo de sordos. «Yo le he dado mi versión de por qué no tiramos el martes para coger la escapada. Estaba claro. Porque delante llevábamos a Karpets, que se ponía de líder», argumentó el técnico navarro. Sastre le resumió su punto de vista. Contrapuestos. Agua y aceite. «Yo tengo mi carácter y no me callo. Sólo defiendo mis intereses y los de mi equipo. Eso sí, sin hacer daño a nadie», repetía el líder del CSC, molesto por una polémica no deseada.

En el fondo, calentaban los rescoldos de Morzine, de aquella obra maestra de Landis que luego resultó una falsificación. Dopaje. No se termina nunca aquella etapa. También se corrió ayer. Eterna. Ha convertido a la Vuelta en una carrera de dos temperaturas: de fuego por la rivalidad entre el Baleares y el CSC; de hielo, por la relación entre Unzúe y Sastre. Ya es un eco: que si el CSC puso el Tour en manos de Landis, que si el Islas Baleares fue endeble en su defensa de Pereiro... Al final, de aquella etapa quedan mil traducciones, a una por ojo de lector. En directo, mientras se disputaba, casi todos pensaron que era físicamente imposible la gesta de Landis. Esa tarde se equivocaron. Tres días después del Tour, el tiempo les dio la razón. Era imposible para la física, pero no para la química. Sentencia de una probeta antidopaje: positivo por testosterona. De ahí viene el pique Sastre-Baleares. O incluso de antes. «Es la primera vez que hablo cinco minutos con él», confesó ayer Unzúe. Con Sastre, producto de la vieja cantera del Banesto que, un día, decidió buscar fortuna en el Once, el rival predilecto de Unzúe y Echávarri. En la Vuelta pedalean las cuentas pendientes.

Y también otras viejas historias. En Burgos, por ejemplo, ya había ganado el Euskaltel. En 2003 con Unai Etxebarria. Y antes, en 1992, un tal Johan Bruyneel, ahora director del Discovery, el equipo acuñado por Armstrong. Coincidencias en viaje hacia Burgos. Aquí cerca, en el páramo, creyeron hallar petróleo en 1965. Se vieron ricos. Fue un espejismo. Apenas una mancha de un hidrocarburo de mala añada. A tirar de las ovejas de nuevo. Ayer también parecía haber petróleo. En las nubes y en el asfalto. Antes de la lluvia y del doliente puerto del Escudo, un grupo de exploradores se largó en busca de oro negro, de fortuna: Martínez, Landaluze y Gustov, más Cioni, Usov, Leblancher, Joaquín Rodríguez, Davis, Yakovlev, Loosli, Eltink, Hushovd... Egoi Martínez siente claustrofobia cercado por tantos dorsales. Por eso conectó con Landaluze. Un amigo. «Voy a arrancar en el Escudo». El vizcaíno se sorprendió: «¿A dónde vas, con todo lo que queda?». Landaluze tenía razón. Faltaba mucho: todo un páramo. Un charco de petróleo.

Mientras detrás Sastre y el Islas Baleares del líder Valverde callaban, el cielo comenzó a roncar. Las venas de un relámpago. Los alfileres del granizo. Hielo y calor. Landaluze y Gustov atraparon a Egoi. Ya eran tres y la tormenta. Cuatro. A Landaluze, el agua se le clavó en las piernas. Las de Egoi flotaban. «Que no nos gane el ruso». No hicieron falta más palabras. Sólo faltaba saber cuál: teléfono o televisión. Y en la pantalla apareció el canal Discovery.



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