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Jueves, 7 de septiembre de 2006
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«Todos se contagian aquí de la ambición de Armstrong»
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A Egoi Martínez, un licenciado en Económicas de Etxarri-Aranatz, no lo descubrió su victoria en el Tour del Porvenir 2003. Fue después. Un fogonazo en el Midi Libre, en las rampas del 15 por ciento del Mont Saint Claire. Apretaba Azevedo. Ahogaba a todos. Tajó el grupo. Anunció a Armstrong, su jefe. Era el rito. Pero no fue en solitario. Allí se desplegó el futuro de Egoi Martínez, un chaval de la cantera del Caja Rural y vestido de Euskaltel-Euskadi, que rivalizaba con el americano. No pudo con él. Aunque sin saberlo, entró en la agenda. Armstrong anotó su nombre. Le llamó en el Tour de 2005. Ven. Y fue. Cuando llegó a la primera concentración, Sheryl Craw, la novia cantante, le reconoció: «Este es el chico que se lo hizo pasar mal a Lance en aquella carrera». El que ganó ayer.

-Por fin ha coronado una fuga.

-Sí, era un triunfo muy buscado. Sé que no puedo ganar en un final en puerto y por eso me meto en escapadas. Llevaba mucho tiempo esperando un día así. Es muy importante para mí y para el equipo, que ha ganado etapas en las tres vueltas grandes y que también ha sido líder en las tres.

-Llegó a la Vuelta con dudas, tras un Tour muy accidentado.

-Sí. En la Vuelta me está pasando todo lo contrario que en el Tour. A Francia llegué en plena forma. Y cuando iba el quinto de la general me caí. El cuerpo reaccionó de forma muy agresiva tras la caída. Luego mejoré, pero desgraciadamente me volví a caer en el Izoard. Aquí ha sido al revés. En agosto me costó entrenarme. No sabía muy bien cómo venía. En las etapas de montaña levanté el pie y guardé fuerzas. Y me ha salido bastante bien.

-¿Cómo se adaptó al equipo de Armstrong?

-Viajé a California con diez kilos de más. No controlaba el inglés. El primer día se me vino el mundo encima. Pero me ayudaron mi preparador, Martí, y el médico del equipo, Kepa Zelaia. Me animaron. Me pusieron una dieta. También encontré mucho apoyo en Rubiera, en Valentín (Dorronsoro). Mejoré rápido con el inglés, y además Bruyneel habla perfectamente español.

-¿Se nota el peso de Armstrong en el equipo?

-Sobre todo por la ambición. Todos se contagian de esa ambición. Eso hace que no te relajes en ningún momento de la temporada.

-¿Dónde ha estado la clave para su victoria?

-Llevo varias escapadas en esta Vuelta. Y no me gusta cuando hay tantos corredores en la fuga. No sé desenvolverme bien. Me cuesta acertar con la rueda buena. Por eso me he ido en el Escudo. Luego he seguido porque sabía que sólo los más fuertes me iban a coger. Y han sido Landaluze y Gustov.

-No se ha hundido cuando le han atrapado.

-No. El director me iba diciendo por la emisora que siguiera, que en ese momento no se acababa nada, que empezaba la etapa.

-¿Pensó en el Tour de 2004, en la etapa de Figeac, cuando en otra escapada igual Moncoutié les superó a usted y a Flecha?

-No. Aquel día Moncoutié nos ganó porque era el más fuerte. Hoy -por ayer- era diferente. Landaluze es amigo mío y los dos sabíamos que la responsabilidad era de Gustov, que daba los relevos más fuertes. Casi no nos ha dado tiempo a hablar tras el final de etapa.



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