Durante dos largas semanas, el rostro de Natascha Kampusch fue el secreto mejor guardado por la Policía austriaca y nadie, a excepción de las autoridades y los terapeutas, había escuchado su voz. Ayer, la joven regresó al mundo de los vivos y a través de tres entrevistas concedidas a dos medios escritos y a la televisión reveló detalles de su largo cautiverio y afirmó con voz segura que durante los ocho años que vivió encerrada en un zulo sólo tenía dos ideas fijas: huir y cortarle la cabeza a su secuestrador.
«Sólo pensaba en huir», declaró Natascha a la revista 'News'. «Una y otra vez me preguntaba por qué, entre los millones de seres humanos que hay, me había pasado esto a mí y siempre pensaba que no vine al mundo para dejarme encerrar y arruinarme completamente la vida. Estoy desesperada por esta injusticia».
No fue todo. En un arranque de sinceridad, la joven de 18 años confesó que durante su largo cautiverio muchas veces quiso vengarse. «Tuve pensamientos terribles. Soñaba, si hubiera tenido un hacha, con cortarle la cabeza», señaló, al admitir que su secuestrador, el técnico electrónico Wolfgang Priklopil, sufría de una fuerte paranoia y era profundamente desconfiado.
También relató que una vez intento escapar de su captor saltando del coche en marcha. «Pero logró cogerme y regresó rápidamente a la casa», contó Natascha. «Un nuevo intento fallido hubiese significado correr el peligro de no salir nunca más del sótano. Tenía que ganarme su confianza de forma sucesiva», apuntó.
Contrarreloj
En una frenética carrera contra el reloj para llegar al público antes de que la televisión austriaca difundiera la entrevista con la joven, la revista 'News' y el periódico 'Die Krone' sacaron a la calle ediciones especiales que fueron ilustradas con fotos actuales en color de Natascha, que la muestran con una mirada pensativa y melancólica.
Pero fue a las 21.30 horas cuando sus compatriotas pudieron escuchar y ver a la chica a través de las cámaras de la cadena estatal ORF. Con un pañuelo en la cabeza que dejaba traslucir su pelo rubio, Natascha mostró su rostro pálido y sus ojos azules, que evitaron mirar directamente a las cámaras.
«Me siento bien, dadas las circunstancias. Lo que más hago es intentar relajarme», manifestó la ex cautiva, que vestía una blusa de color azul claro y vaqueros. Sin titubear y siempre con las palabras adecuadas, reveló que durante los primeros seis meses de encierro nunca había abandonado el zulo.
En su primera declaración, dada a conocer hace 10 días, Natascha aseguró que no estaba dispuesta a esconder su tragedia, pero que tampoco a responder preguntas relacionadas con su intimidad. Durante días, todos los medios especularon sobre la posibilidad de que la joven hubiera sido violada por su captor y que a lo largo de los años se desarrollara una relación de pareja entre ambos.
Pero ayer, Natascha admitió, sin precisar una fecha, que podía abandonar el lugar de su encierro para subir al dormitorio de Priklopil. «Es verdad. Subía todos los días y hacía con él algunas cosas, pequeñas cosas cotidianas. Pero inmediatamente después tenía que regresar al sótano. Para dormir, para vivir. Era horrible. Y lo peor era cuando su madre venía de visita los fines de semana».
Más adelante, la chica calificó a su secuestrador como un criminal, pero destacó que prefería no hablar sobre él. «Ya no se puede defender y tampoco es correcto insultar a una persona que está muerta», dijo. En cambio, expresó su deseo de recuperar los años perdidos, terminar sus estudios y, quizás, escribir un libro sobre su tragedia personal.
Hacer un crucero
«Quiero viajar y hacer un crucero con mi familia», manifestó con convencimiento. Y confesó que deseaba crear una fundación para ayudar a las mujeres desaparecidas en México y recolectar dinero para los niños que pasan hambre. «Se muy bien lo que significa pasar hambre y lo indigno que es. Durante mi cautiverio pasé mucha», dijo con rotundidad.
Los periodistas que entrevistaron a la joven confesaron que habían quedado impresionados a causa de la personalidad de Natascha y del extenso conocimiento del lenguaje alemán. «A veces se me ponía la piel de gallina», confesó Christoph Feuerstein, uno de los entrevistadores. «Es una mujer muy inteligente y segura de sí misma. Aunque estaba nerviosa nunca perdió el control. Sabía exactamente lo que nos quería decir y lo que deseaba ocultar», añadió.
De hecho, la joven ex rehén sorprendió a los productores de la televisión austriaca que preparaban la entrevista cuando les anunció que había renunciado a ocultar su cara. «Incluso pidió los servicios de una maquilladora profesional porque la da mucha importancia a su aspecto personal», dijo Johannes Fischer, responsable de la emisión en la cadena estatal.