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Jueves, 7 de septiembre de 2006
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Blair fuerza la dimisión de ocho cargos que le pidieron su marcha urgente
El debilitado líder laborista desafía las maniobras de Gordon Brown, que quiere oír de boca del premier su renuncia
Blair fuerza la dimisión de ocho cargos que le pidieron su marcha urgente
PENSATIVO. Blair, tras un discurso pronunciado en Londres. / AFP
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Cuando, en la noche del 21 de noviembre de 1991, Margaret Thatcher regresó a casa tras asistir asombrada al desfile de los ministros de su Gobierno por su despacho en los Comunes -unos le dijeron que no tenía nada que hacer en la segunda ronda de las elecciones para el liderazgo, otros que si decidía batallar ellos galantemente caerían con ella en defensa heroica e inútil del bastión, otros simplemente se echaron a llorar- fue su marido, Denis, quien le dio la puntilla. «Querida, -le dijo, ya en casa con el aperitivo en la mano, whisky ella, y gin tonic él- no quiero que te hagan daño». Thatcher anunció al Gabinete su dimisión a las 9.30 de la mañana.

¿Ha llegado ahora el momento en el que Cherie Blair debe tomar entre sus brazos la desconsolada testa de Tony para decirle que por su bien, el de su familia y también el del planeta, es mejor que se vayan de Downing Street a la casa de 5 millones de euros que compraron hace dos años? Posiblemente, no.

Ayer, en lugar de la procesión de un Ejecutivo ya abiertamente infiel o lacrimoso, el primer ministro se enfrentó a la dimisión de un subsecretario de Estado de Defensa y de siete asistentes parlamentarios de ministros. Éstos ocupan el último escalafón del Gobierno, hacen de portapapeles y agentes del ministro entre los escaños. El subsecretario de Estado, Tom Watson, no es más que un subsecretario de Estado.

Todos ellos, y otros once parlamentarios con trayectoria leal al neolaborismo, habían enviado al 10 de Downing Street una carta en la que pedían «una retirada urgente» a Blair, por estar convencidos de que el laborismo necesita un cambio de líder para ganar las próximas elecciones, en tres años. La carta asombrosamente no explica porqué el liderazgo de Blair es un lastre y debe terminar. Al conocerse la noticia de la carta, el martes, aliados de Blair salieron a los medios, fijando por primera vez la fecha de 2007 para la marcha. 'The Sun', que ha recibido numerosas filtraciones de los 'blairistas' en el pasado, publicaba ayer la fecha presuntamente exacta, el 31 de mayo.

Pólvora mojada

Pero eso ya no bastó. Gordon Brown, según 'The Guardian', quiere oír ese compromiso de boca de su vecino de calle y una marcha rápida. Ayer, ocho dimisiones de cargos menores del Gobierno. ¿Era la avanzadilla del golpe de Estado de Brown contra Blair? La carta de dimisión de Tom Watson desvela que no. Explica que en la noche del martes le visitó la responsable de disciplina del grupo parlamentario, Hilary Armstrong. Le pidió que retirase su firma de la carta o su posición en el Gobierno era insostenible. Y dimitió, como los otros.

Los 'blairistas' tienen a Brown por hombre muy capaz para el Gobierno pero trastornado en lo personal. Y con un rasgo que le lastra como político. No será nunca capaz, dicen los 'blairistas', de dar el golpe y reclamar el poder. Le faltaría instinto criminal. El golpe de Brown ha comenzado. Pero la dimisión forzada de un subsecretario y siete cargos muy menores es ya pólvora mojada.

Camino de la conferencia laborista en la última semana de setiembre, el laborismo está febril, conspirativo, lamentable a los ojos de los electores. Pero los 'brownitas' quieren la rendición ya y luego tres años de Gobierno, esperan que unido, para detener el alegre carrusel 'tory' que avanza en la estela del rutilante Cameron.

La incógnita parece en vías de despejarse. La BBC informó anoche de que Blair podría hacer hoy una declaración oficial sobre su futuro.



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