El Correo Digital
Viernes, 8 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
Un lugar bajo el sol
Desde que naciera hace ahora veinte años como escisión del PNV, la obsesión y necesidad de Eusko Alkartasuna ha sido la de encontrar un lugar bajo el sol. Significarse de alguna manera y abrirse con ello un nicho sociopolítico que justificara su existencia como partido diferenciado. Al cabo de esas dos décadas, es más que discutible que la renovación del nacionalismo histórico se asocie por parte de la ciudadanía con las siglas de EA. Lo es también que se identifique ese partido como la izquierda del nacionalismo, por más que su insistencia en su condición socialdemócrata produzca estupor, toda vez que resulta difícil determinar qué es hoy la socialdemocracia, incluso entre los partidos que llevan un siglo llamándose así. Si a eso añadimos que EA se ha presentado en coalición con su partido-madre a las municipales, forales y autonómicas desde 1999, con magros resultados en solitario en las generales -6,57% en las últimas-, y con la sensación generalizada de partido-mochila que pervive en tanto que va con otro, las posibilidades reales de blandir un espacio propio son más que escasas.

Para sofocar esa situación, su máxima dirigente decía estos días que su formulación soberanista es la que ha triunfado entre el nacionalismo. Cierto, ya se ha dicho que contradictoriamente parecía prosperar a la postre la tesis de Garaikoetxea, aunque éste hubiera resultado perdedor en la pugna interna que dio lugar a la escisión. Pero, en política, uno de los resultados más tristes es que prospere tu argumento en beneficio de tus competidores, esto es, que las tesis soberanistas de EA sean las que ganan y que este partido, como tal, no presente sino guarismos de tercera. Es, en todo caso, el pertinaz soberanismo discursivo lo que más ha caracterizado a EA en su relación con el PNV, más que una difícil y ambigua caracterización de éste como más a la izquierda que los jeltzales.

Ahora, cuando las ganas de que acabe el terrorismo son el mayor impulso para alcanzar una sociedad y una política vascas más normales y parangonables a las de nuestros vecinos españoles y europeos, cuando el mapa político vasco parece que puede abrir nueva edición, los hombres y mujeres de EA corren a recolocarse. Y todo parece no ser sino ejercicio de supervivencia: noble, en el caso de las ideas y trayectoria política colectiva; personal e intransferible en el de muchas profesiones políticas particulares. Unos ven en cierta alianza sólida con el PNV -una suerte de CiU a la vasca- el futuro del nacionalismo, de EA y de ellos mismos; otros lo adivinan en un espacio de izquierda nacionalista, con una HB desarmada de hierros y atemperada de ideas y práctica política en cuanto vuelva a la civilidad de la gestión de lo público.

El problema es que en esas urgencias por localizar un lugar bajo el sol por la vía de la identidad propia, EA puede quedar engullida entre unos y otros. A malas con el PNV, que en el futuro va a dudar todavía más de la lealtad de su ¿ex? socio; con muchos problemas con HB, que más que le duplica en votos y presencia social, y presenta una trayectoria probada de suficiencia y exclusivismo en el espacio de la izquierda abertzale. Al fin y al cabo, como dijo una competidora, ellos son «la izquierda abertzale oficial». ¿Hay sitio ahí para copias más atemperadas? La reciente historia dice que no, y una sopa de siglas sirve para dar buena cuenta de la afirmación: EE, EuE, Auzolan y supongo que la propia EA.

Buena parte de los problemas políticos de este país es que es muy pequeño, y que, exageradamente politizado en ámbitos muy reducidos pero muy influyentes, hace que las cuitas personales se disfracen de razón política. Cuando más reduces el foco, más se aprecia. Y unas elecciones provinciales son el escenario perfecto para ello. Tomemos el caso alavés. EA tiene cinco de cincuenta y un junteros, casi el doble de lo que es este partido cuando se ha retratado él solo en este territorio. Sin embargo, tiene alcaldes muy consolidados -los más importantes lo son desde 1987- en cinco localidades, que se caracterizan por ser los núcleos que siguen en población a las dos grandes concentraciones de la capital y Llodio (vg. Amurrio, Salvatierra, Asparrena, Alegría). Ello les proporciona una posición cualitativa interesante, a mucha distancia de lo que siguen siendo números más bien magros. Lo sintetizaba muy bien Isasi, alcalde de Amurrio, la última noche de elecciones municipales y forales: «Araba, si no fuera por Gasteiz, sería mayoritariamente nacionalista». El problema es ése, que está Gasteiz; que en algunos casos las dimensiones del territorio gobernado no se ponen en parangón con la proporción de ciudadanos bajo tu mando. La ensoñación municipalista típica del nacionalismo le puede jugar una mala pasada al confundir el territorio, el número de localidades en presencia, con los ciudadanos, con la realidad cuantitativa de ésta.

A la vez, la personalidad y el tirón individual de esos alcaldes, con mucha y muy cercana trayectoria de gestión municipal, puede estar en la razón verdadera del voto, en concreto en este caso, a EA, y no tanto adhesiones a idearios o presuntas identificaciones de un espacio específico en el solar nacionalista. No es nada casual que donde más importante es EA, proporcionalmente, en Guipúzcoa, sea donde patrocina la continuidad de la relación con el PNV. Ni que en ese lugar hayan prosperado las tesis más cabales y serias en aspectos como la gobernabilidad del país, la realidad plural de éste o la respuesta a la violencia terrorista.

Al final, algunos han visto en este desmarque un debilitamiento de la posición nacionalista en el preciado escenario municipal y provincial. ¿Quién sabe? Hay también mucho votante del PNV que cada vez llevaba peor algunas frivolidades en la acción política y en la palabra de significados dirigentes de EA, y no creo que reciban sin alborozo esta disposición a retratarse en solitario de los de Errazti. Y además, la ciudadanía tiene que apreciar y reconocer la posible aportación de este partido, con esta decisión, a la simplificación de un mapa político vasco tradicional y excesivamente poblado e innecesariamente engorroso. Algunos recursos a la supervivencia, hasta ahora, lo habían complicado. Quizás ahora la misma solución, dada a la inversa, sirva para hacerlo un poco más sencillo. Se agradecerá.



Vocento