'Arena en los bolsillos' provoca una sensación de película ya vista. Truffaut rodó 'Los 400 golpes' en 1959, y César Martínez Herrada todavía culmina la odisea de unos adolescentes inadaptados en la playa, como Antoine Doinel, el pobre, que tampoco había visto el mar. ¿Retrato de la vida en la periferia? Fernando León supo trascender del costumbrismo en 'Barrio', que hasta obtenía lirismo de la rutina del extrarradio. 'Arena en los bolsillos' comparte más bien la previsible planicie narrativa de las teleseries. Los cuatro chavales protagonistas se escapan de su hogar y pintan graffitis a ritmo de rap. Pero no tienen vida, son estereotipos con sudadera y playeras, que miran enfurruñados al mundo.
«Son hijos del desarraigo: su destino está escrito en el suelo, en los muros, en las nubes grises que cruzan veloces esa ciudad extraña», poetiza el director, con dos largometrajes apenas vistos en su haber, 'Manos de seda' y 'Cuando todo esté en orden'. «Un viaje iniciático a la esperanza, que muestra la otra cara de la sociedad, la de los ambientes marginales».
Presentada a concurso en el último Festival de Cine Español de Málaga, 'Arena en los bolsillos' logró unanimidad crítica: las buenas intenciones no bastan para dotar de emoción una crónica que bascula entre el drama social y la historia de iniciación sin decidirse por ninguna. Ni siquiera el veterano Daniel Guzmán, educador social a un paso de la santidad, logra insuflar vida a una tópica, desmayada peripecia adolescente.