El Correo Digital
Viernes, 8 de septiembre de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
El plazo de Blair
Tony Blair confirmó ayer que en el plazo de un año abandonará el poder, aunque rehusó concretar una fecha para dejar libres las manos de su partido en la preparación de las próximas elecciones, como se había reclamado abiertamente por muchas e importantes voces en el seno de la organización laborista. Hasta el momento, su seguro sucesor, el ministro de finanzas Gordon Brown, había dado pruebas de tener una paciencia y una disciplina encomiables, y aunque ayer volvió a hacerlo al reiterar que respetará la decisión del primer ministro, enfrentamientos verbales como el mantenido este pasado miércoles, cuando pidió a Blair que renunciara lo suficientemente pronto para permitirle tomar posesión en mayo, auguran un seguro incremento de la tensión si no se fija ya una fecha definitiva y adecuada.

Tony Blair será recordado con toda seguridad como un político de talla evidente y por ello sería incomprensible que cayese en el error de sentirse insustituible y no convirtiera su retirada en la última victoria política. Su conducta final puede así terminar siendo perjudicial para la causa que su partido defiende, el programa que propugna y, de modo inmediato, para las expectativas electorales del laborismo. Blair ganó las elecciones el año pasado con cierta holgura y por tercera vez consecutiva, pero desde entonces su descenso de popularidad ha sido imparable y la ventaja atribuida en las encuestas a la oposición conservadora aumenta cada día. El actual inquilino del número 10 de Downing Street ha hecho ya todo lo que podía hacer y lo único que le queda ahora es escuchar a buena parte del aparato y a los votantes laboristas que le piden que deje el timón a tiempo para permitir al partido renovarse y preparar el porvenir. David Cameron, el jefe de la oposición conservadora, dice que el Gobierno laborista «se derrite», y la verdad es que el Labour tendría más oportunidades de parar el deterioro si Tony Blair aceptara irse sin demora.



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