La psicosis alimentada entre los conductores por la implantación del nuevo carné el pasado 1 de julio, y el miedo a perder alguno de los 12 puntos empieza a tener consecuencias visibles. Por un lado, la Policía ha endurecido la aplicación de las normas de Tráfico, especialmente en infracciones por exceso de velocidad y alcoholemias; y por otro, los automovilistas han adoptado una actitud menos pasiva ante las sanciones, sobre todo si conllevan la prohibición de conducir.
EL CORREO fue testigo ayer de las colas que forman conductores y acompañantes ante la oficina territorial de tráfico del Departamento de Interior del Gobierno vasco en Bilbao, ubicada en la calle Ercilla, para pagar o recurrir multas. Según los vecinos y comerciantes de la zona, las filas de personas esperando ante la sede oficial han llegado a doblar el edificio, especialmente durante la semana posterior a la Aste Nagusia.
Las denuncias de radar por sobrepasar la velocidad indicada acaparan la mayoría de las reclamaciones. La Ertzaintza ha decidido rebajar los márgenes de tolerancia en los límites de velocidad hasta el máximo que permite la ley, por debajo incluso del 10%, lo que aumenta de forma considerable el volumen de sanciones y por tanto multiplica el trabajo de gestión. Esa ingente cantidad de multas -este año, sólo hasta agosto, se han impuesto 48.000, frente a las 18.000 registradas en todo 2005 en el País Vasco-, desborda a la Administración, que encuentra serias dificultades para aplicar las retiradas de permisos dentro de los plazos.
La multa tipo ronda los 300 euros y lleva asociada la retirada del carné entre uno y tres meses. Al tratarse de sanciones viejas - se impusieron el pasado abril y hasta ahora, cuatro meses después, no han sido notificadas a los titulares de los vehículos-, no suponen la supresión de puntos. Una infracción grave de este tipo a partir de junio se traduce en la supresión de tres puntos. Algunos afectados intercambiaban ayer confidencias a la puerta de Ercilla 4.
JOSEP PASCUAL
Usar el móvil en el corredor del Txorierri
«Me quitan tres puntos del carné»
Josep Pascual, natural de Barcelona, ha venido a Bilbao a pasar un mes y medio, y regresará con un «'regalito'». El miércoles iba por el corredor del Txorierri con su novia cuando sonó el teléfono móvil. «Sólo me dio tiempo a decir 'un momento'». Una patrulla le ordenó parar y le denunció por hablar mientras conducía, por no llevar el carné encima y por no presentar el comprobante del banco del seguro, en total 200 euros y tres puntos menos en el nuevo carné. «Prefiero pagarlo ya y fuera. Hace tres años recurrí y al final las multas me llegaron».
JUAN PEDRO SALVADOR
Camionero, multa de radar en Artaza
«Si me retiran el carné, de qué vivo»
Si para cualquier conductor, afrontar una sanción por infracción grave es un problema, para un profesional del volante representa un drama. «Soy camionero y si me quitan el carné a ver de qué vivo», se planteaba Juan Pedro Salvador. Ni siquiera sabe dónde está el radar que le cazó a 101 kilómetros por hora, cuando debía ir a 60, el pasado 15 de abril en la curva del túnel de Artaza, uno de los puntos negros de Getxo y donde la Ertzaintza se ha puesto más dura. Algunos en su caso, «buscarían a un amigo que se comiera el marrón» por él.
ZURIÑE OJEA
Exceso de velocidad, túnel de Artaza
«Seguro que era mi hijo, corre mucho»
Zuriñe comparte coche con su madre y su hermano y hace unos días recibieron una carta en casa que les informaba de que el vehículo había sido multado por circular a 100 kilómetros por hora por el túnel de Artaza. En la fotografía que acompaña a la notificación sólo se ven la matrícula y la señal. «Seguro que era mi hijo», asumía ayer la madre, después de desembolsar 270 euros por la infracción grave. En realidad la multa es de 390 euros, pero por pronto pago se descuenta un 30%. Al desconocer con exactitud quién llevaba el volante, probablemente no se podrá aplicar la retirada del carné. «Mi hijo corre mucho, así que esto le va a venir bien», dice la madre. Ambas conductoras ven «peligro» en algunos radares de la autopista, donde los conductores frenan en seco sin dar tiempo al de atrás a reaccionar.
JOSE
Multa de radar en la A-8, Barakaldo
«Voy a recurrir, diré que conducía otro»
Jose y su mujer son usuarios diarios de la A-8. «No se puede correr porque siempre hay caravana, pero esta vez nos pilló en fin de semana». El coche sancionado lo suele utilizar su mujer, que aparece como conductora habitual en la póliza del seguro. Iba a 120 en un tramo de 80, la recta de Max Center (Barakaldo), sentido Bilbao, lo que se traduce en más de 300 euros y entre uno y tres meses sin carné. «Vengo a recurrir, diré que conducía otro», anuncia. Por un cambio en la normativa, este truco no será efectivo en las denuncias impuestas a partir de julio. «Si me lo quitan, me hacen una faena».
XABIER
Sobrepasar el límite en La Avanzada
«Esta multa y otra y me quedo sin sueldo»
Xabier trabaja en un hotel canino de Urduliz. Ayer tuvo que pedir permiso para ir a pagar una multa. Su jefa se mostró comprensiva, a ella también le habían puesto una en el mismo sitio, en la carretera de La Avanzada, dirección Plentzia, y por el mismo desfase de velocidad. Ambos circulaban a 90 kilómetros por hora cuando deberían ir a 60. «No voy rápido, pero a nada que le pisas... Si fuese a 200, lo entendería», se quejaba en las puerta de la oficina de Tráfico. Xabier cree que en algunos casos como en La Avanzada, el límite está «demasiado bajo» y las sanciones son «muy duras; puedes ir a la cárcel». «Le han multado hasta a mi madre por ir a 70».
FERNANDO FERNÁNDEZ
Exceso de velocidad en la A-8
«Tengo 10 multas de velocidad en un año»
Fernando ostentaba el récord de multas ayer en la cola, aunque seguro que hay quien le supera. «Tengo 10 multas de velocidad en menos de un año». El joven acudió con su familia, su hijo Marcos y su mujer embarazada, en su flamante 'BMW 320' a informarse sobre cómo hacer frente a la situación. Antes de que le embarguen el coche o el piso, pagará el montante «poco a poco», aseguraba ante la ventanilla. Fernando necesita el turismo particular para «ir a trabajar, recoger al niño al colegio... El transporte público va más despacio», sostiene.
A diferencia de otros, él había aparcado bien. No es raro ver vehículos estacionados en doble fila, y se han dado casos de conductores que, después de salir de pagar una multa, se han encontrado con otra enganchada al limpiaparabrisas. Hay quien no escarmienta.