Los pinares vizcaínos sufren las consecuencias de la tormenta que azotó gran parte del territorio el pasado 4 de julio. Las heridas provocadas por el granizo han facilitado la propagación de la diplodia, una enfermedad forestal que deja los árboles secos. El hongo ha hecho mella en 2.200 hectáreas de monte, sobre todo en Las Encartaciones y el Duranguesado, y ha puesto en alerta a los forestalistas, pendientes de la evolución de las plantaciones. Muchos árboles jóvenes tendrán que ser talados, con las consiguientes pérdidas para el sector.
La tormenta fue tan fuerte que en el entorno de Amorebieta el viento, literalmente, «rompió» los árboles. «Hay pinos cortados a partir de tres metros de altura», explica el director foral de Montes y Espacios Naturales, Agustín Sarría. Estos destrozos afectan a 150 hectáreas de terreno, en su mayoría de propietarios privados, donde se harán las primeras cortas. «Los particulares ya están talando, y la Diputación va a sacar los trabajos a subasta», dice.
Las zonas afectadas por el granizo no siempre están condenadas a la tala, pero los expertos dan por sentado que muchos árboles «no se podrán recuperar». La Diputación prepara una «intervención urgente» en Zalla, donde algunos parajes, sobre todo en las proximidades de la papelera de Aranguren, ofrecen una imagen desoladora. En un primer momento se van a talar 70 hectáreas y en las zonas menos dañadas se harán entresacas. Los guardas y los forestalistas «hacen un seguimiento semanal de los montes» para adoptar nuevas medidas, añade Sarría.
La diplodia es un viejo conocido para los trabajadores del sector forestal. De hecho, el hongo «siempre esta ahí», aseguran. Aprovecha los daños causados por el viento, el granizo o los insectos para atacar y crece con la humedad y las altas temperaturas. Este verano ha encontrado el caldo de cultivo perfecto en Vizcaya. Los montes del territorio han sufrido estos ataques otras veces, por ejemplo en Gernika y Urkiola, pero nunca tan extendidos como ahora.
Sin tratamiento
El granizo entró como una tromba «en un frente de 2 kilómetros de ancho por 16 de largo», describe el responsable foral. En Amorebieta, Lemoa, Igorre, Muxika y Iurreta causó estragos en 700 hectáreas. En Bedia, Galdakao, Zaratamo y Zeberio arrasó otras mil, en su mayoría privadas. La otra zona de impacto es la comarca de Las Encartaciones. La tormenta entró por el Valle de Mena, afectado por el mismo problema, y se cebó con Zalla y Güeñes, que tienen 500 hectáreas afectadas. También causó daños en puntos de Alonsotegi, Balmaseda y Gordexola.
La imagen de los árboles secos en amplias extensiones de terreno ha entristecido a los vecinos y ha alarmado a los propietarios forestales. En un primer momento, muchos pensaron que se trataba del 'cáncer del pino' una enfermedad con síntomas similares a la diplodia pero provocada por otro hongo, el 'fusarium'. Esta infección ha aparecido en varios focos a lo largo de toda la cornisa cantábrica, por lo que el Ministerio de Agricultura impuso estrictas medidas de control sobre las plantaciones y la venta de madera.
«Hemos tomado muestras y hemos descartado el 'fusarium'», asegura el director de Montes. Los propietarios, sin embargo, no ocultan su intranquilidad ante la necesidad de adelantar las cortas, incluso en árboles muy jóvenes. Todavía se desconoce cuántos habrá que talar, aunque algunos expertos calculan que se perderá la mitad de la superficie afectada por la diplodia. «A veces los árboles se recuperan, y otras no». No existe ningún tratamiento, pero un otoño frío y lluvioso les ayudaría a sobrevivir.
Técnicos y afectados vigilan de cerca la evolución de las masas afectadas. «El pino radiata tiene un brote en otoño, habrá que ver cómo se comporta», dice el gerente de la asociación de forestalistas de Vizcaya, Fernando Azurmendi. La Diputación tiene una línea de ayudas por los destrozos que causa el granizo que beneficia sobre todo a los propietarios de plantaciones jóvenes. «Si hay que reforzar las ayudas, se reforzarán», concluye Sarría.