La variedad de timos es prácticamente ilimitada, porque depende de la imaginación de los timadores, que la tienen de sobra, y de la ingenuidad de los timados, que al parecer tampoco faltaba hace más de siglo y cuarto ni falta ahora que estamos ya en el siglo XXI. Y me atrevería a decir que no faltará nunca, porque el gremio parece ser incombustible y la ingenuidad, inagotable.
He dicho que no faltaron ambos ingredientes hace más de 125 años porque acabo de leer en el periódico del 4 de septiembre de 1879 un timo que realmente me resulta difícil de creer. Porque resulta difícil de creer que alguien pueda picar en un cuento tan ingenuo, pero, como dicen los timadores con cierto conocimiento de causa, todos los días sale de su casa un tonto (yo prefiero llamarlo ingenuo) y la única dificultad es encontrarlo.
Y parece ser que los timadores tienen olfato para dar con el ingenuo de turno, o bien poseen una constancia y una laboriosidad de búsqueda inagotables y hereditarias, porque las noticias de estos timos increibles se repiten periódicamente en los diarios, y se vienen repitiendo desde tiempo inmemorial. Por esta última razón he deducido que estas habilidades de los timadores pueden ser hereditarias y se transmiten de padres a hijos, de hijos a nietos y así sucesivamente.
El timo que voy a contarles es digno de figurar (si no figuraba ya) en la famosa 'Timoteca Nacional' que reunió mi buen e inolvidable amigo, el gran periodista de Barcelona Enrique Rubio, con el que mantuve hasta su muerte un amistoso intercambio de estas noticias, que no dejan de resultar curiosas porque denotan la gran psicología del timador y la increíble credulidad del timado. Pero dejémonos de escolios y vayamos al grano.
El timo que les voy a referir se denomina al parecer 'timo del enterramiento' y tuvo como escenario el cementerio de Mallona, porque las características de este timo, como su nombre indica, necesitan un camposanto. Entonces aún estaba en funcionamiento el citado cementerio de Mallona, hoy desaparecido, y el de Begoña, que aún sigue en su sitio y se puede ver antes de llegar a la basílica, según se sube a mano izquierda. Y ustedes perdonen este nuevo escolio debido a mi pícara afición a irme por los cerros de Úbeda. No me he olvidado del timo, pero como se me acabó el espacio, mañana se lo contaré Deo volente.