El Correo Digital
Lunes, 11 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
VIZCAYA
DE CUANDO EN CUANDO
El timo (II)
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Ayer prometí contarles el timo del enterramiento, en el que picó un ingenuo indiano recién llegado de América con algunos duros en el bolsillo. Paseaba por Begoña y allí se encontró con el timador que hace de gancho. Entablaron conversación y el gancho le invitó a visitar el cementerio de Mallona, escenario de este timo que, como su nombre indica, necesitaba un camposanto.

Paseaban el gancho y el ingenuo por el cementerio en amistosa plática y allí se encontraron con otro joven que estaba haciendo el dibujo de un mausoleo. Entablaron conversación con el dibujante y se enteraron de que acababa de llegar del Brasil y estaba haciendo aquel dibujo con objeto de no olvidar el sitio. Y llegó el 'brasileño' a intimar tanto con sus contertulios que les hizo una confesión increíble. (Punto y aparte para aclarar lo de la confesión).

El joven dibujante les dijo que acababa de dejar enterrados junto a aquel panteón del dibujo cinco paquetes de monedas de cinco duros y así, hablando hablando y paseando en plan confidencial, los tres protagonistas de esta historia real (los dos timadores y el ingenuo indiano) llegaron hasta la Plaza Nueva, donde el enterrador de monedas se sintió de pronto generoso y decidió regalar al indiano los paquetes de monedas, entregándole el croquis del mausoleo para que pudiese ir a Mallona a desenterrar el tesoro. Lo único que le pidió a cambio fue el dinero que llevaba encima, que eran 61 pesos (antigua moneda española de plata) así como el reloj y la cadena.

¿Se puede pedir mayor ingenuidad? Pues sí señor que se puede, porque el tal indiano entregó encantado los pesos, el reloj y la cadena y se fue más contento que unas pascuas a Mallona en busca de los paquetes de monedas de cinco duros. Nuestro sujeto pasivo buscó el mausoleo, escarbó la tierra con ansia y, aunque ustedes no se lo crean, encontró los paquetes.

Preguntarán ustedes en que consistía el timo. Pues consistía, sencillamente, en que los paquetes no contenían monedas sino velas de las que entonces se usaban en abundancia para iluminar los hogares, porque aún no se había inventado la luz eléctrica a domicilio. El único consuelo que le quedó al incauto y crédulo indiano fue que los timadores, al menos, no le dejaron a dos velas.



Vocento