Cuando cayó José Antonio Roca, el cerebro de la trama de corrupción municipal y urbanística de Marbella, se vaticinaba que no iba a despeñarse solo. Pero los daños colaterales de su encarcelamiento no sólo han afectado a los cómplices de sus desmanes. Sus caballos pura sangre, un total de 103 ejemplares valorados en más de tres millones de euros, también sufren las consecuencias.
Confinados en la finca 'La Caridad', ubicada en San Pedro de Alcántara, los corceles, que han sido intervenidos y están a cargo -es un decir- de un administración judicial, se encuentran totalmente desatendidos. La situación es tan dramática que tres ya han muerto al sucumbir al hambre y a las enfermedades. Además, una decena de ellos se halla en un estado «deplorable», tal como ha constatado un equipo de veterinarios.
Los caballos de Roca, hasta hace poco símbolo de la ostentación desmedida de su dueño y objeto de envidias entre la 'jet', se mueven ahora por las cuadras como auténticos fantasmas. Sucios, extenuados y famélicos, apenas consiguen mantenerse en pie, sufren úlceras y tumores en patas y testículos, además de laceraciones en la piel. Según recoge un certificado del Colegio Veterinario de Málaga, uno de los ejemplares falleció por «una impactación de colon provocada por el consumo continuado de arena del suelo» y otro murió al no ser operado de «una hernia inguinal estrangulada sumada a media torsión del testículo derecho». «Estos animales no pueden continuar así», claman los veterinarios.
Yolanda Terciado, abogada de la sociedad propietaria de la finca, ha denunciado «que la ganadería está abandonada y en condiciones precarias». «Además, cuando hemos querido comprobar el estado en el que se encuentran los animales se nos ha coaccionado y nos han quitado las llaves de la finca», explica. Fuentes cercanas a la sociedad culpan a Miguel Ángel Torres, juez instructor del 'caso Malaya', de haber tardado tres meses en nombrar a un administrador, después de intervenir la propiedad el 30 de marzo. «No tuvo en consideración que allí había animales vivos y no seres inertes», lamentan las mismas fuentes, que destacan que, mientras pudieron, los trabajadores de la ganadería les cuidaron «por amor al arte». Tras conocer el estado de los animales, la Protectora de Animales de Málaga anunció que hoy enviará a la finca un camión de comida.
Según el Código Penal, el responsable jurídico -que ha de responder de los bienes que se le designen- podría ser acusado de malversación impropia y cumplir penas de tres a ocho años de cárcel. Quizá allí pueda rendirle cuentas a Roca -hombre de escasa sensibilidad ecológica, a juzgar por la cantidad de animales salvajes disecados que decoraban su mansión- sobre qué les ha pasado a sus pura sangre.