Oficialmente, el viernes unas 5.000 personas acudieron a la plaza de toros a ver a Ana Torroja, ex Mecano. Como no se reforma el mítico trío y ella lo ansía, pues ha editado disco y cumple gira con sus revisiones particulares. Si la montaña no va a Mahoma... El escenario era grandioso y futurista a lo Blade Runner, pero echamos en falta pantallas gigantes que mostraran de cerca a una cantante que rehúye los primeros planos y sólo acepta fotos si está ultramaquillada. En tal entorno, con banda justa (dos guitarras, el bajo de Mikel Irazoki, batería, teclas más dos coristas y bailarinas que la escudaban con garbo), la Torroja recreó un repertorio instalado en la memoria hasta de los más refractarios.
El gentío vibró con los éxitos que más conocía, dándole igual si eran versiones rupturistas o fieles, baladas pesarosas o números bailongos con teclas ochenteras. Se arrancó con 'Hoy no me puedo levantar', 'Dalai Lama' lanzó lolailos budistas, en 'Ay, qué pesado' pensamos que el pop comercial de consumo envejece mal, Ana coló su tema 'No me canso' (el del verso «en esta puta vida»), en 'La fuerza del destino' danzaron hasta los camareros cachas, la lorquiana 'Hijo de la luna' se coreó a modo, 'Busco algo barato' sonó distinta pero igual de tonta, 'Mujer contra mujer' se reforzó con ella doblada en sendas pantallas mientras los móviles disparaban fotos, en la pedante 'Eungenio -sic- Salvador Dalí' presuntamente pintó un retrato del divo, 'Una rosa es una rosa' se aflamencó y 'En tu fiesta me colé' llegó ochentera... En el primer bis, 'Maquillaje' se remozó cabaretera, y el segundo se remató con la vigorosa 'Barco a Venus'.