Domingo, 1 de octubre de 2006
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El tercer parque natural de Vizcaya protege el tesoro ambiental de Las Encartaciones
La nueva reserva de Armañón atesora un rico patrimonio, desde un encinar único en el Cantábrico hasta cavernas con asombrosas estalactitas Especies de gran valor viven en la zona gracias a sus variados microclimas
El tercer parque natural de Vizcaya protege el tesoro ambiental de Las Encartaciones
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Cuevas de Pozalagua

De obligada visita: Desde que en 1957 fueron descubiertas, gracias a la extracción de mineral en una mina contigua, estas cuevas se han convertido en el referente turístico de Carranza y de la comarca. Y no es para menos. De hecho, presentan la mayor concentración de estalactitas excéntricas del mundo, que, además, se ramifican, enlazan y anudan en todos los sentidos, dando lugar a formaciones insólitas.

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El tercer parque natural de Vizcaya esconde joyas tan singulares como desconocidas. Ubicado en pleno corazón de Las Encartaciones, el área protegida de Armañón aúna en un vasto territorio naturaleza e historia. Hace apenas diez días, el Gobierno vasco otorgó al enclave encartado la misma catalogación de la que disfrutan las cimas de Urkiola y Gorbea para blindar la gran riqueza medioambiental que atesora. Mañana, los responsables institucionales visitarán la zona, que alberga desde un encinar único en el Cantábrico hasta decenas de cavernas rebosantes de asombrosas formaciones geológicas.

«El nuevo estatus de protección es la garantía de que los valores ecológicos, biológicos y geológicos de Armañón serán disfrutados también por futuras generaciones», subraya la consejera de Medio Ambiente del Gobierno vasco, Esther Larrañaga. El paraje se convierte así en el noveno parque natural del País Vasco.

Las 3.519 hectáreas del área protegida están comprendidas entre Carranza y Trucíos. El encinar de Sopeña, que sorprende con árboles mediterráneos en plena cornisa cantábrica, a los pies del monte Armañón, es una de sus maravillas. Se trata de un fenómeno producido gracias al microclima especial del enclave. Estas condiciones meteorológicas se derivan de la pared rocosa que delimita el encinar por el norte, protegiéndolo del viento y reflejando a su vez el calor solar. En este singular bosque ha encontrado su morada una colonia de murciélagos de herradura del mediterráneo, especie en peligro de extinción que ha formado en la zona la mayor población de estos ejemplares en el País Vasco.

Pero la magia de la naturaleza se manifiesta en cada uno de los rincones del parque. Así, las peñas de Ranero se han convertido en un enigma a descifrar por espeleólogos de todo el mundo, al esconder en su interior tesoros subterráneos que se confrontan con el conjunto cárstico exterior. A todo ello, hay que sumar las montañas de Armañón y Los Jorrios, de una altura aproximada de 850 metros. Cada una de estas cimas oculta sus propios secretos. Mientras el camino hacia Armañón está decorado por monolitos milenarios, las faldas de Los Jorrios albergan un manantial. No obstante, el pastoreo ha provocado que gran parte de los cerros se encuentre dominada por pastizales.

El ciclo de la vida se cumple en Armañón, ya que su frondosidad y sus variados microclimas han estimulado que la zona sea habitada por numerosas especies animales. Muchas de ellas, como el armiño, el lagarto verdinegro, el topo occidental, el halcón peregrino o el búho real, resultan imposibles de encontrar en otros entornos. Además, la zona ha experimentado una repoblación del corzo, así como incursiones esporádicas de lobos provenientes de los núcleos situados al oeste del parque.

Pinturas rupestres

La historia de la civilización, las formaciones geológicas e infinidad de cuevas se concentran en este área montañosa. De esta forma, se puede observar cómo el caserío trucense rodea las llanuras del parque. Esta tipología arquitectónica, propia del siglo XVII, reúne las características del caserío vasco y el cántabro dando origen a un híbrido único en el mundo.

El paso de otras épocas se refleja, asimismo, en las paredes de las cuevas de Ventalaperra, con pinturas del periodo Auriñaciense, el arte parietal más antiguo del País Vasco. Probablemente, los rituales desempeñados por los habitantes de la cavidad han dejado como legado una decena de dólmenes que reposan sobre las colinas de los montes de Armañón y Los Jorrios. Sin embargo, la primera gruta habitada fue la de Santa Isabel, que cuenta con un yacimiento paleontológico con cráneos de oso de más de 200.000 años de antigüedad.

Las cuevas de Pozalagua, que se encuentran inmersas en el corazón de este espacio natural, son uno de los elementos geológicos más relevantes del mundo. En su interior se puede admirar la mayor concentración de estalactitas excéntricas que existe, caracterizadas por desafiar a la gravedad entrelazándose en todas direcciones. Junto a ellas, la Torca del Carlista, la sima más grande de Europa y tercera del mundo, muestra una caída superior a los 500 metros.



 
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