Lunes, 2 de octubre de 2006
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SOCIEDAD

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Cuando Pedro dejó de amar
El presidente de la Asociación Vizcaína de Padres y Madres Separados habla de su ruptura matrimonial y aconseja ir «primero al psicólogo» en vez de al abogado
Cuando Pedro dejó de amar
A LA ESPERA DEL DIVORCIO. Pedro Diez, en su casa de Bilbao. / BERNARDO CORRAL
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Pedro Diez llevaba cinco años casado cuando dijo basta. El matrimonio se iba deteriorando y el «proyecto de vida en común» que tenía con su esposa hacía aguas por todas partes. Finalmente, en septiembre de 2004, decidió separarse y ahora está a la espera de la sentencia de divorcio. «Las crisis se sucedían. Veíamos las cosas de diferente manera y la convivencia se desbarataba por momentos. Además, la familia de ella influyó negativamente en nuestra relación. Había que acabar con todo aquello».

Pedro y su mujer, como una de cada tres parejas españolas, también pusieron fin a su relación en septiembre, justo después de las vacaciones de verano. Se fueron en agosto a la Costa Dorada y naufragaron en la orilla de los sentimientos rotos. «El asunto venía de antes. Lo que ocurre es que las vacaciones agravan la situación de la gente que está mal; los que se llevan bien, lo pasan estupendamente». A juicio de este bilbaíno de 39 años, a la sazón presidente de la Asociación Vizcaína de Padres y Madres Separados, la época postvacacional acentúa los problemas que están dormidos a lo largo del año. «Cuando trabajas estás ocupado todo el día y no tienes tiempo de pensar en lo que falla en tu relación. Luego llega el verano, el descanso, el tiempo libre y resulta que compartes más tristezas que alegrías. Es entonces cuando aflora todo».

A pesar de esta traumática experiencia escrita en clave de ruptura matrimonial, Pedro Diez, padre de una niña de 4 años, no se cierra al amor. Si hay que pasar por la vicaría, se pasa; eso sí, con todas las precauciones del mundo. «Tener una nueva pareja puede ser algo positivo, sobre todo para los hijos. Ahora bien, hay que hacerlo cuando uno esté equilibrado, preparado, que no sea una decisión precipitada para huir del dolor».

La visión optimista de este bilbaíno sobre el poder terapéutico del amor contrasta con el pesimismo que vierte sobre el porvenir del matrimonio. «Las previsiones que se manejan en estos momentos indican que para 2010 y 2012 una de cada dos parejas se va a romper». Consecuencia de una sociedad «cada vez más individualista». Y avisa: «La gente no sabe separarse bien. En vez de ir a los abogados, llenos de ira y rabia, habría que acudir al psicólogo para que nos prepare para la ruptura. Facilitaría muchísimo las cosas».



 
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