Más de 4.000 personas metió el triunfito Bustamante en Vista Alegre el domingo. La mayoría féminas (mucha madre e hija), no pocos niños, Patxi Salinas y bastantes inmigrantes que corearon a un cántabro que alternó tacadas de baladas con huracanes movedores -ejecutadas ésas con dolor y éstos con exuberancia- sin nunca perder el don de gentes al abrazar banderas regionales, saludar a fans laterales, recoger del suelo desde ramos de flores hasta golosinas («mientras no me tiréis a dar, estamos bien») y aguantar cual campeón cánticos espontáneos: «El Busta es cojonudo, como el Busta no hay ninguno» (hum... no osamos titular así).
El concierto arrancó con tal retraso que llevó al coso a gritar «que salga ya», pero luego Bustamante pidió disculpas y se declaró ajeno a la demora, y en medio cupieron tres pildorazos inaugurales: vía Ricky Martin 'Bang bang', moruno 'Ella' y funkie de luxe en plan Johnny Legend hispánico 'Besos', tripleta espectacular explotada con dos bailarinas a su vera agitando cada poro de la piel. A él ya le notamos abotargado cuando se frenó en cinco lentos: los tres primeros entre Pecos y Luis Miguel ('Con otro amor') y los siguientes rebosantes de soul torrencial, enfático e impresionante el dedicado a Miguel Gallardo -'Hoy tengo ganas de ti'- y un éxtasis de pop adolescente 'Por ella'.
Busta lo bordó en rápidos y lentos, se cambió de camiseta sudada varias veces, se sacudió sismico, entonó reggae a lo Juanes ('Rezaría'), emuló a Alejandro Sanz ('Además de ti'), un bolero lo acabó como Santana ('No me conoces'), cantó en un taburete ('Dos hombres y un destino'), coló rap ('Devuélveme la vida') y el bis lo comenzó con el piano y terminó a lo Chenoa ('Tú y yo') y lo remató con 'El aire que me das', oh-eeeh.