Viernes, 6 de octubre de 2006
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POLÍTICA

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Irlanda del Norte cierra sus heridas
Víctimas de los dos bandos comparten foros y dialogan ante Joseba Azkarraga sobre la necesidad de construir la convivencia sobre la memoria y la verdad
Irlanda del Norte  cierra sus heridas
Juntos. Landa, a la izquierda, y Joseba Azkarraga, junto a ex presos de los dos bandos. / e. c.
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Puede que hace tan sólo unos pocos años fuera una imagen insólita. Víctimas y ex presos de los dos bandos en Irlanda del Norte -unionistas y católicos- se sentaron ayer para dialogar juntos sobre la necesidad de ir poco a poco cicatrizando las heridas de la violencia sobre las bases de la memoria, del reconocimiento del dolor del otro y de la verdad. Lo hicieron ante el consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, junto al director de Derechos Humanos, Jon Landa. Ambos mantuvieron una maratoniana jornada de contactos que incluyó, además de representantes de las víctimas, de los ex reclusos del IRA y de grupos paramilitares lealistas, a portavoces de la mayoría de los partidos norirlandeses.

El Ulster, poco a poco, intenta cerrar sus dolorosas heridas. Marc McBride, de 42 años, perdió a su mujer en un atentado del IRA en 1993. Hoy se ha convertido en uno de los militantes más convencidos del proceso de paz, si bien reconoce que tiene sentimientos encontrados. Es consciente de que las víctimas han sido siempre las grandes olvidadas, e incluso muchas veces manipuladas por el Gobierno. También admite que sufrió y sintió una gran decepción cuando, gracias a los acuerdos de Viernes Santo, la práctica totalidad de los presos salió en dos años. «Estuve muy frustrado al ver al asesino de mi mujer en la calle», señalaba ayer, «pero también sé que la violencia va a terminar después de 30 años. Lo he aceptado para que todos puedan tener un futuro mejor»,

Marc Tompson representa a una asociación en defensa de la justicia que no ceja en su empeño de que algún día el Reino Unido reconozca que cometió asesinatos y graves violaciones de los derechos humanos. Su hermano y otros familiares murieron a manos de paramilitares unionistas en una época de fuerte violencia sectaria. «Lo que se requiere ahora es la verdad porque podemos aprender y evitar que vuelva a repetirse. Todos hicieron algo malo y nadie tiene la moral tan alta como para señalar con el dedo». Lo dice en un instituto dedicado a la recuperación de la memoria, que trabaja con afectados de las dos comunidades y que se basa en la experiencia de Suráfrica.

«Dolor de los demás»

Claire Hacket, responsable del instituto, procede del mundo republicano y valora la importancia de que ideologías y sentimientos tan diversos participen en una terapia común. «Ha habido avances en el reconocimiento del dolor de los demás», explica, «y ahora tenemos el desafío de promover un día nacional de reflexión por todas las víctimas». La clave es que se mantenga el diálogo. Es difícil, pero es necesario, coinciden todos.

La otra cara de la moneda son los presos. Cerca de 500 salieron de las cárceles tras los acuerdos de 1998, tanto del bando republicano como del unionista. Sólo un 15% volvió a reincidir. Rosa McCarley y Dominic Adams fueron presos del IRA y hoy trabajan en una red de respaldo a los reclusos republicanos. Reivindican «la naturaleza política del conflicto» y se quejan del agravio que supone que mientras las condenas de los presos republicanos ascendieron a 100.000 años de prisión, las penas a los agentes de seguridad apenas llegara a los 20 años. Destacan la importancia que en su día tuvo que los líderes del Sinn Féin visitaran a los presos para convencerles de la importancia estratégica de los acuerdos en vísperas de la firma de Stormont y la conveniencia de entrar en una vía democrática. Los presos unionistas coinciden también en reivindicar la naturaleza política del problema. Ellos apoyaron el proceso de paz a pesar de los recelos.

La excarcelación de los presos se llevó a cabo antes que el desarme del IRA, lo que provocó una gran controversia pero, a la vez, permitió que los republicanos se mantuvieran unidos. Harold Good, reverendo protestante y miembro de la comisión de decomiso de las armas, piensa que «vivimos en una sociedad de gestos en la que el desarme es, sobre todo, un símbolo». Porque lo importante es que quienes han utilizado las armas para dirimir sus disputas políticas no lo hagan nunca más. «Son las personas las que emplean las armas, no las armas las que actúan», dice Tom Winstone, ex preso lealista unionista mientras sirve agua y café a antiguos militantes del IRA.

Azkarraga tomó ayer nota de estos testimonios con el convencimiento de que avalan la buena dirección que, a su juicio, ha emprendido el Gobierno vasco con su 'Plan de Paz y Convivencia' y desde la seguridad de que «para cimentar la paz hay que asumir riesgos». Lo dice mientras alaba la valentía del Gobierno británico y pone de relieve el blindaje que puede recibir el proceso de paz mediante la cobertura internacional. «El debate en el Parlamento Europeo es un primer paso, no tanto de una injerencia exterior sino de una proyección internacional que va a ayudar a dar pasos», afirma.

De las reuniones que el consejero vasco ha mantenido en los últimos días ha sacado como conclusión la importancia de la implicación de la sociedad. «No se trata de actuar con voluntarismo y sí de poner las bases para una futura reconciliación en la que los acuerdos tienen que ser inclusivos, afectar a todas las víctimas».

Encuentros en Stormont

Azkarraga también se reunió ayer en el Palacio de Stormont con responsables de los partidos políticos norirlandeses, entre otros con el dirigente del DUP -unionista radical- Jefray Donaldson, y con el número dos del Sinn Féin, Martin McGuiness, estrecho colaborador de Gerry Adams. Según señaló, «no puede haber un proceso en profundidad si no se reconoce la realidad y si hay vencidos. No hay que excluir a nadie».

Para ello pidió «acuerdos políticos inclusivos», que no dejen fuera a nadie, «adoptando las decisiones con el máximo consenso posible y, si no fuera posible, con la dinámica democrática del juego de mayorías». Defendió actuaciones urgentes en materia de presos y de víctimas y advirtió que el propio Adams -que hoy se entrevista con Blair en Londres- pedirá al primer ministro que haga una gestión ante Zapatero para terminar con la política de dispersión. En Irlanda, según los ex reclusos republicanos, los presos del IRA estaban agrupados en una única cárcel, lo que creen que facilitó el debate interno. Según precisó Azkarraga, el mismo Donaldson -que pertenece al partido liderado por el reverendo Pasley- subrayó que el PP comete un error al excluirse del proceso de diálogo.



 
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