Durante las jornadas siguientes a la aprobación del Estatuto, buena parte de la actividad política de la República -la bélica seguía su triste curso- giró en torno al País Vasco. En la agenda de todos los partidos y formaciones que habían expresado su apoyo al texto estatutario figuraba un punto común que, en opinión de la mayoría, revestía de una gran importancia: la formación del nuevo Gobierno vasco. Con el puesto de lehendakari ya adjudicado, el reparto de carteras se había transformado en una cuestión de primer orden. No sólo importaban los nombres de los elegidos y sus adscripciones ideológicas sino, y esto era fundamental, quiénes serían los dotados con mayor responsabilidad en el seno del futuro ejecutivo.
Las conversaciones tuvieron lugar en la sede central del Banco de Bilbao, en plena Gran Vía, pues todos consideraban que era uno de los lugares más seguros de la Villa. Curiosamente, parte de las dificultades en el diseño del futuro gobierno se encontraron en el seno mismo del PNV. Al parecer, los problemas estribaban en qué hacer con Telesforo Monzón. ¿Debían incluirle en el Ejecutivo? ¿Había que dejarle fuera? Juan Ajuriaguerra lo tenía muy claro, ya que juzgaba que el guipuzcoano contaba con muy poca capacidad política. Aguirre pensaba de forma diferente. Había coincidido con él en muchas ocasiones y lo consideraba de gran utilidad. Finalmente triunfó el criterio de este último.
Basílica de Begoña
El 7 de octubre fue la fecha fijada para la ceremonia de toma de posesión del futuro lehendakari. Ese mismo día tuvo lugar un trámite tan obligado como inútil. La votación para la elección del futuro presidente del Gobierno vasco. Ciertamente todos sabían que José Antonio Aguirre era el elegido, pero se estableció este paso forzoso. El otro candidato fue Ramón de Madariaga. Para ello se convocaron en Bilbao cuatro mesas electorales a las que acudieron todos los concejales que pudieron de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya. Cada uno representaba tantos votos como había obtenido en los últimos comicios electorales. El resultado fue de escándalo. Aguirre se apuntó 291.471 votos, mientras que Madariaga se tuvo que contentar con 100. A partir de ese instante el camino se hallaba despejado. El primer lehendakari tenía nombre y apellidos: José Antonio Aguirre y Lecube.
Ese mismo día, y consciente de que la elección era un mero trámite, Aguirre junto a la plana mayor del PNV, acudió a la basílica de Begoña donde tuvo lugar un acto religioso muy acorde con los principios ideológicos del nacionalismo. Allí juró fidelidad a la fe católica, a las enseñanzas de la Iglesia, a su patria y al partido. Posteriormente, todos se trasladaron a Gernika, lugar elegido para el acto de toma de posesión. La elección de la villa foral fue una apuesta obcecada de los cuadros dirigentes del PNV. El gobernador civil de Vizcaya, José Echevarría Novoa, que esgrimía razones de seguridad, intentó prácticamente hasta el final que la ceremonia se celebrara en Bilbao, más en concreto en el Palacio foral. Los nacionalistas argumentaron que Bilbao ya había sido objeto de los bombardeos, mientras que Gernika ofrecía más seguridad, por no ser considerado un objetivo militar. Además era un lugar cargado con un simbolismo sin igual. No obstante, y para evitar incidentes, la localidad quedó blindada ante cualquier intento de ataque. Un destacamento del Euzko Gudaroztea -que tras salir de Guipúzcoa había instalado allí su cuartel-, y la guardia de orden público, de tendencia claramente nacionalista, embrión de la futura Ertzaintza, cargaron con la responsabilidad de mantener el lugar seguro.
El acto dio comienzo a las cinco de la tarde. Una larga lista de personalidades se dio cita en el interior de la sala de Juntas donde también estuvieron presentes miembros del cuerpo consular acreditados en el País Vasco. Allí estaban el cónsul de Cuba, el vicedecano cónsul de El Salvador, el secretario cónsul de Checoslovaquia, los cónsules de Ecuador, Portugal, Dinamarca y Argentina, y el vicecónsul de Bélgica. La ceremonia comenzó con la lectura de los resultados de las votaciones celebradas por la mañana. Una vez que se comprobó la victoria de Aguirre, el gobernador civil de Vizcaya, Echeverría Novoa, proclamó: «Señores: Visto y comprobado el resultado de la elección, en nombre del Gobierno de la República, proclamo presidente del Gobierno provisional de Euskadi a don José Antonio de Aguirre y Lecube». Los vivas a la República, a Euzkadi y a su presidente fueron inmediatos. Acto seguido se pidió que entrara en la sala el interfecto. Ante él, Echeverría Novoa leyó un discurso a través del cual comunicaba el nombramiento y realizaba simbólicamente el traspaso de poderes. La respuesta de Aguirre en su turno de palabra fue toda una declaración de intenciones y líneas maestras para el nuevo Ejecutivo. «Nace este Gobierno -dijo-, para gobernar. Nace para imponer inflexiblemente la ley. Nace para conseguir la victoria».
Los poderes de Vasconia
Tras esta intervención, tuvo lugar el gesto simbólico del juramento junto al árbol. Allí, Aguirre, proclamó unas palabras que son, hoy en día, parte ineludible en la toma de posesión de cualquiera que vaya a ser investido lehendakari. El texto que recogió 'El Noticiero Bilbaíno' fue el siguiente: «Ante Dios, humillado sobre la tierra vasca, en pie y bajo el roble de Vizcaya y en el recuerdo de mis antepasados, juro cumplir mi mandato con entera fidelidad». A continuación se produjo la respuesta del gobernador civil de Vizcaya: «En estos momentos y bajo el roble de Gernika, en nombre del Gobierno de la República, hago entrega de los poderes de Vasconia a su legítimo presidente, don José Antonio de Aguirre y Lecube, quien dará a conocer al pueblo la lista del nuevo Gobierno». Entonces se desveló el gran misterio. Aguirre dio a conocer los nombres del primer Ejecutivo vasco de la historia: Presidencia y Defensa, José Antonio Aguirre (PNV); Gobernación, Telesforo Monzón (PNV); Justicia y Cultura, José María Leizaola (PNV); Comercio y Abastecimientos, Ramón María Aldasoro (Izquierda Republicana); Hacienda, Heliodoro de la Torre (PNV); Trabajo, Previsión y Comunicaciones, Juan de los Toyos (PSOE); Obras Públicas, Juan Astigarrabía (PCE); Agricultura, Gonzalo Nárdiz (ANV); Sanidad, Alfredo Espinosa (Unión Republicana); Industria, Santiago Aznar (PSOE) y Asistencia Social, Juan Gracia (PSOE).