Las necesidades de transporte van mucho más allá de la jornada laboral. Una vez que se traspasa el umbral y se rompe la primera barrera, la demanda de actividades de ocio es cada vez mayor. Uno de los programas de más éxito de Bidaideak es la ruta hacia las playas, que se organiza desde hace tres años. «Llevamos sillas acuáticas y para la gente es algo muy especial. Algunos hace diez o doce años que no van a la playa y después nos llaman para volver aunque esté lloviendo», explica Nerea Paniagua, la encargada de atender la centralita. La de Gorliz es su favorita, «porque allí pueden bañarse tranquilos».
Pasado el verano llega «el mes de las excursiones», octubre. «Hemos estado en el Valle de Baztán y la próxima salida será a San Vicente de la Barquera». En estos casos los usuarios van con acompañante, mientras que en días laborables son los auxiliares de la entidad -hay un equipo de 40- los que viajan con ellos.
Bidaideak empezó en 1993 con una furgoneta que se guarda «como una reliquia» y hoy cuenta con una flota de 58 vehículos, entre ellos varios minibuses. Las rutas se suelen organizar para grupos, aunque algunos servicios son individuales. Las peticiones se hacen con antelación. «Le damos muchas vueltas, revisamos los horarios y a veces tenemos que decir que no. Si tuviéramos más furgonetas, las llenaríamos». Para personas acostumbradas a salir «un par de veces en todo el año» ir al PIN, a la playa o de excursión abre un mundo de posibilidades. «No podemos hacer todo lo que queremos, llegamos hasta donde llega la subvención», concluye Paniagua.