Viernes, 13 de octubre de 2006
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«La desnutrición está agravando los problemas oculares en África»
Dos médicos vascos participan en campañas de una fundación que asiste a los afectados en el Tercer Mundo Ayer se celebró el Día Mundial de la Visión
«La desnutrición está agravando  los problemas oculares en África»
NECESIDAD. Cristina González atiende a un paciente con problemas de visión. / EL CORREO
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El viento, la arena, el polvo y el trabajo al aire libre bajo una intensa exposición al sol y sin medidas de protección son factores potencialmente patógenos para la salud ocular. En África, Latinoamérica y otras áreas del Tercer Mundo, todas estas variables concurren y se agravan por la falta de una cobertura sanitaria básica. Cristina González, anestesista, y Jon Albizu, oftalmólogo, son donostiarras y colaboran con la Fundación Ojos del Mundo, entidad que realiza campañas para prestar atención y dotar de medios a países sin infraestructura especializada.

La primera ha acudido varias veces con comisiones médico-quirúrgicas a los campamentos de refugiados saharauis en el desierto argelino, mientras que su compañero ha participado en estancias desarrolladas en zonas rurales de Mozambique y Burkina Fasso. «Se trata de períodos cortos, de un par de semanas, pero de un intenso trabajo», explican.

Ayer se celebró el Día Mundial de la Visión, un llamamiento anual a la conciencia mundial sobre este problema. «Creo que, comparados con otros males, más graves o urgentes, los ojos se relegan a un segundo plano», lamenta el doctor, que ejerce en el Hospital Donostia de San Sebastián.

Además, frecuentemente, se precisan costosos equipos que complican la actuación médica. «Para tratar, según los estándares occidentales, las cataratas, la enfermedad más frecuente, utilizamos microscopios y lentes intraoculares, a menudo inaccesibles en esos lugares», señala. «Cada vez que nos desplazamos llevamos todo el material posible con nosotros».

Durante el pasado año, este médico realizó operaciones en un hospital rural de la antigua colonia. «Pero las intervenciones puntuales no solucionan el problema», aduce. «Hay que poner el énfasis en crear infraestructuras para que se doten de medios y hacerlo a gran escala y largos plazos. Es una cuestión de voluntad y grandes inversiones».

Apenas hay equipamientos, ni tampoco conciencia entre los afectados sobre la necesidad de preservar su visión. En Mozambique, la inmensa mayoría de la población no tiene acceso a un servicio de sanidad pública como el que conocemos, sino que acuden a la medicina tradicional aplicada por hechiceros y curanderos. «No quiero desanimar a nadie, pero no veo motivos para la esperanza a corto plazo».

Por hambre y sed

En Burkina Fasso, al sur del Sahara, la situación se agrava por el hambre y la sed. La desnutrición, agudizada por sequías periódicas, agrava los problemas oculares. Las condiciones climatológicas extremas que sufren los refugiados sahaurauis se alían con la escasez en los suministros de víveres y un servicio sanitario completamente dependiente de la ayuda exterior.

Junto a la labor de prevención y el seguimiento de los pacientes, la fundación, a través de su programa 'Ojos del Sahara', costea la formación en España de un médico nativo. «La autosostenibilidad es esencial para mantener un servicio continuo y de calidad», señala Cristina.

Las malformaciones congénitas y los traumatismos son los problemas más frecuentes que encuentran entre los niños con problemas de visión, mientras que los adultos sufren enfermedades que desembocan en la ceguera, como las cataratas o el glaucoma.

A juicio del cooperante, las campañas que animan a donar las gafas en desuso a países del Tercer Mundo son muy importantes. «Pero habría que asegurarse de que las lentes se distribuyen entre quienes más las necesitan y eso es difícil».

 
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