Sólo unos 200 fans presenciaron el martes en el Kafe Antzokia la despedida de los bostonianos Gigolo Aunts, que sirvieron una muy suculenta ración de pop eléctrico, melódido y mimado no demasiado generosa en duración. Pero el buen sabor de boca dejado lo borró todo. A la salida juzgó un profesional del montaje de conciertos: «Ha sido perfecto: bien tocado, bien cantado y con un sonido niquelado. Y no me cites, ¿eh?».
Las buenas vibraciones brotaron instantáneas al primer vistazo, con tres guitarristas y bajista alineados al borde del tablado, evolucionando sonrientes y sanotes como los protagonistas de 'Los amigos del novio', la última película de Edward Burns. Felicidad gestual, persecución de la canción perfecta, equilibrio entre rudeza y delicadeza y comunicación sincera con el respetable se conjugaron en un concierto... ejem, bonito.
Nos es cuestión de ponerse sensibles, que podríamos, porque los Gigolo Aunts acariciaron la fibra del público y se percibió en su adaptación de 'La chica de ayer' de Nacha Pop: a nuestro alrededor tres espectadores llamaron por el móvil para que sus parejas compartieran el placer.
El listado compartió energía power-pop con Posies, dibujó armonías en plan Jayhawks, se serenó con lecciones vía Byrds o Big Star, miró al indie robusto de TFC y Lemonheads, fue meloso a lo Counting Crows... Un privilegio acostumbrado en Bilbao, ya ven.