Sábado, 14 de octubre de 2006
Registro Hemeroteca

en

OPINIÓN

ARTÍCULOS
Sistemas vascos
En el lenguaje público del País Vasco se habla con normalidad y frecuencia de sistema de autogobierno vasco, sistema político vasco, sistema autonómico vasco Pero hay más. Se habla también de sistema vasco de cultura, sistema turístico vasco, sistema aduanero vasco (el de otras épocas, no teman), sistema polinuclear vasco de capitales (son San Sebastián, Bilbao y Vitoria, quizás Pamplona y demás, pero en fino), sistema energético vasco, sistema lácteo vasco, sistema deportivo vasco e incluso hay un sistema lacustre vasco, refiriéndose al lago de Caricedo-Yuso, el único del que gozamos, con sus 27,8 hectáreas, al que sin duda alude el Estatuto al disponer la competencia autonómica exclusiva sobre la pesca lacustre, trascendental transferencia que constituye una de las piezas más singulares de nuestros legisladores.

Pero lo importante es nuestra afición a disfrutar de 'sistemas vascos'. Hasta los más nimios momentos de nuestras vidas quedan ordenados por el correspondiente sistema vasco. O quedarán, tal es el entusiasmo sistematizador que nos corroe. Podría enumerar varias decenas de sistemas vascos. No caben, y me limitaré a unos cuantos, desde el sistema vasco de innovación hasta el sistema vasco de salud, pasando por el sistema estadístico vasco, el sistema universitario vasco (éste tiene ley y todo), el sistema educativo vasco no universitario (su realidad se puede conocer a través del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa No Universitaria), así como un sistema financiero vasco, un sistema tributario vasco, un sistema vasco de becarios e incluso un sistema agroalimentario vasco.

Tenemos sistemas vascos para casi todo. Los tendremos para todo. Si recapitulamos artículos precedentes, cerramos el círculo. Somos pioneros en lo que emprendemos, pues siempre nos adentramos en aspectos incógnitos de la actividad humana. Después, en un santiamén nos convertimos en referentes europeos (o mundiales) en cualquier tarea a la que nos apliquemos con el donaire que nos caracteriza. Y redondeamos la faena formando un sistema vasco para lo que sea, que será la envidia de los europeos, y no digamos de los españoles, tan acomplejados por nuestros logros.

Nuestro afán de sistematizarnos nos lleva a extremos curiosos. Puede leerse sobre un sistema de trasporte por carreteras de Euskal Herria Sur, un sistema moral del País Vasco (me ahorro explicarles el invento, por no asustar), un sistema literario vasco (no he encontrado definición, pero es un concepto de raro uso común entre los que sobre el asunto escriben), un 'sistema gasista vasco' (esto es cosa del Gobierno vasco, gran promotor de sistemas; no lo define, pero sí sabemos que los objetivos energéticos «se centrarán en consolidar el sistema gasista vasco y sus conexiones transfronterizas»: no sé si vamos a gasear a los vecinos o nos gasearán ellos), un sistema vasco de gestión de tráfico, un sistema ferroviario vasco y un sistema vasco de préstamo de libros (pionero en el Estado y pronto referente europeo, 'of course').

No se piense que esto de inventarnos sistemas constituye una iniciativa inocente, un mero fruto de la espontánea creatividad lingüística de nuestros próceres o un divertimento lúdico. Al contrario: la proliferación verbal de sistemas busca nacionalizar, construir conceptualmente el país, forjado así a imagen y semejanza de las quimeras nacionalistas. La 'formación' de sistemas y su difusión en la vía pública está hoy en el núcleo central de la actividad del nacionalismo, para el que el símbolo, la palabra y la imagen de que existe algo propio y privativo resulta fundamental, una prioridad ideológica. Sistema es un «conjunto de reglas o principios sobre una materia racionalmente enlazados entre sí» o bien un «conjunto de cosas que ordenadamente relacionadas entre sí contribuyen a determinado objeto». De ahí las virtudes del vocablo para el nacionalismo. Proporciona la impresión de que esto está controlado y de que los vascos construimos conjuntos racionales de cosas integradas y bien planificadas, pues se les llama sistemas. Sugiere además que son sistemas 'vascos' propios, diferentes, distintos (separados de los españoles, y en pie de igualdad: los sistemas bordan las más íntimas utopías nacionalistas). Por último, el empleo del término sistema aporta un toque técnico, como algo no ideologizado, la idea de que existe por sí mismo un hecho objetivo, al margen de opiniones. Aunque, por supuesto, el sistema es doctrina pura. Y dura.

A veces el sistema es mera fantasía. Útil como ficción política, pero al margen de la realidad, o contra ella. Repásese, por ejemplo, lo del sistema universitario vasco, que se sobreentiende distinto al español, propio, y formando un conjunto de elementos racionalmente integrados. No hay tal ni de lejos, por muchas leyes que se hagan con esta denominación de origen. Lo que hay son tres universidades, una pública y dos privadas, todas ellas respetables y de calidad, pero de entidad, dimensiones, objetivo y funcionamiento bien diferentes y sin ningún grado de integración en ningún sistema propio. Lo de sistema vasco de universidades sólo encaja en alucinaciones consejeriles y en las ansias gubernamentales del nacionalismo. La palabra no construye la realidad, pero una ficción bien armada puede forjar apariencias. De eso se trata.

Con frecuencia el sistema vasco que se menciona forma parte del desiderátum, una ambición programática, que aún no existe pero que al idearse como sistema adquiere alguna consistencia política. Así, se lee de un sistema penitenciario vasco, de un sistema vasco de pensiones, de un sistema vasco de atención a la dependencia que reivindicaba no ha mucho un colectivo. No existen, pero existirán, viene a decirse, pues reina ya su concepto, la palabra. Platonismo puro. O quizás se trata de destruir/construir la realidad reconstruyendo el lenguaje. Del neolenguaje se deriva en nuestro caso la nación. Siempre es 1984. Una neolingua no es neutral, sino amenaza.

Los mencionados son casos próximos a la ficción doctrinal, pero en las cercanías de las ilusiones (nacionalistas) están el sistema vasco de investigación, el sistema vasco de ciencia y tecnología, el sistema vasco de I+D: imaginar que un país de poco más de dos millones da para tantos sistemas, y precisamente para éstos, se asemeja a un ataque de credulidad. ¿De verdad tenemos un sistema vasco de bibliotecas, un sistema vasco de museos, un sistema alimentario vasco, un sistema hotelero vasco y un sistema audiovisual vasco? De ilusión también se vive, pero conviene no pasarse imaginando tantos sistemas, que exigirían una ordenación racional y una especificidad nítida.

De la feraz invención de sistemas como gran paso para construir nuestro país nacionalista vasco se deduce que los sistemas vascos seguirán creciendo y reproduciéndose entre nosotros, gobernando nuestras vidas, alimentando nuestros afanes de eficacia, planificación y singularidad. Esto acaba de empezar -veinticinco años no son nada-, pero podemos disfrutar ya de los sistemas vascos de indicadores educativos, Formación Profesional, transportes, cualificaciones profesionales; del sistema matriarcal vasco (en lucha con el sistema patriarcal vasco), del sistema vasco de certificaciones ofimáticas (debe de ser el no va más, por cómo lo ensalza la literatura que se le dedica que, aun breve, se arrebata por tan raro objeto de la sabiduría humana), sistema vasco de reconocimiento de crédito de competencia, sistema vasco de información juvenil, de atención de emergencias, 'sistema vasco de Mondragón' (se le llama así, a secas, prefiero no saber por qué), sistema vasco de contratación, de voto electrónico, de licitación electrónica, de responsabilidad de la Administración, sistema judicial vasco, sistema vasco de sucesiones, sistema de indicadores lingüísticos de Euskal Herria, sistemas forestales vascos (en plural), sistema vasco de ciudades, sistema agrícola vasco, sistema vasco de estadísticas turísticas (éste tiene siglas: SVET), sistema vasco de información sanitaria, sistema vasco de televisión, sistema de seguimiento de rayos en el País Vasco, sistema vasco de calidad para casas rurales. Hay éstos y habrá más: algunos de los que aún carecemos ya existen en la lengua de los gobernantes, como el sistema vasco de Seguridad Social, el sistema vasco de Previsión Social, el sistema vasco de comunicación y otros más. Llegarán. Será maravilloso, pues contamos ya con el sistema vasco de vida sana: consiste en fiesta, canto, baile, juego, euskara. Ya saben, a aplicarse. El sistema vasco de buscar la felicidad nacional construyendo sistemas vascos resulta embarazoso.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo