Se acabó lo de toquetear las tapas de aquel libro antiguo que huele como el armario de la abuela. Se acabó lo de observar, estupefactos, cómo se puede pasar de leer la biografía de Hitler a una guía de consejos sexuales con sólo mover la mano cinco centímetros. La XXVI Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Logroño cierra hoy el telón marcada por un cambio de fechas que, en general, ha complacido a todos.
Este año los libreros han desplegado 'sus encantos' por el Espolón casi un mes antes que en 2005. «La feria ha salido mejor este año porque al adelantar las fechas hace mejor tiempo y la gente se anima a pasear más por aquí», afirma el dueño de 'Libros Valdezate', de Burgos, Rafael Moral. Con ello está de acuerdo la logroñesa Ángeles Sancha, de la 'Librería Sancha', que además asegura que es una ventaja para ellos porque «pasar quince días aquí de pie con frío es muy cansado».
Sin embargo, detrás del mostrador de la librería 'Rosa Sardá', de Barcelona, aseguran que «este año ha sido más floja porque antes se hacía en noviembre y venía mucha gente buscando ya regalos para Navidad». Por su parte, el dueño de la librería 'Torres de Valencia', Héctor Torres, califica esta edición de «normalita» y asegura que «la participación tiende a bajar año tras año», por lo que propone aumentar la publicidad de la feria, que considera «insuficiente».
Clientes fijos
Aun así, y como dice Dolores Magaña, presidenta de la Asociación de Libreros, «el coleccionista viene haga frío o calor». Éste es uno de los atractivos que tiene el evento para empresarios de otras comunidades y de ésta, «los maravillosos clientes fijos», según Sancha. Torres va más allá y asegura que aquí ocurren cosas poco frecuentes, como que le visite gente para «simplemente hablar de libros conmigo o enseñarme un ejemplar raro».
Son muchos los que han ido a los puestos que acompañan a Espartero en el paseo. «La gente lo comenta, hay que aprovechar para comprar aquí», opina Natividad Hijazo, «y muchos buscan novelas o los libros que mandan a los niños en el cole». Tratándose de La Rioja, Rafael Moral pretendía agotar las existencias de un libro de viticultura, pero no ha podido ser. «La gente debe saber mucho de este tema», bromea.
Tampoco faltan las anécdotas de todos los años, como las partituras de clarinete que buscaban en 'Librería Hijazo' o el señor de casi 90 años que preguntó en 'Rosa Sardá' si tenían un libro escrito por un médico que aseguraba que íbamos a vivir eternamente. Aunque, concluye Sancha, «la mejor anécdota es que busquen un libro rarísimo y nosotros lo tengamos».