El régimen de Pyongyang se muestra una vez más desafiante en su empeño de realizar una prueba nuclear, pese a que éstas estén prohibidas por la legalidad internacional. No es que se trate de una maniobra alocada y sin sentido por parte de la República Democrática Popular de Corea del Norte, sino más bien de un órdago que afecta no sólo a los países de la zona que se sienten amenazados, Japón y Corea del Sur, sino que tiene repercusión en todo Occidente. Corea del Norte persigue algún soborno temporal a cambio de que permanezca tranquilo hasta que vuelva a requerir de ayuda externa. Esta crisis revela cuán peligrosa puede resultar la posesión de este tipo de armamento en manos de países no democráticos. Corea del Norte, pese a que en su nombre oficial constan las palabras democrático y popular, no es más que una dictadura comunista hereditaria. Es difícil proponer alguna solución en estos casos, podemos pedir a China que presione, ya que como principal aliado de este Estado paria se tendrán en cuenta sus opiniones. ¿Sanciones! El país ya esta acostumbrado a pasar penurias. ¿Un ataque? ¿Cómo terminaría todo aquello? Lo más práctico es que saquemos una lección: no más armas nucleares, y menos en manos de Estados irresponsables.
Jorge Ipiña Pando