Martes, 17 de octubre de 2006
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CULTURA

DIRECTOR DE LA ÓPERA NACIONAL DE PARÍS
Gérard Mortier: «Pedro Almodóvar y Verdi tienen mucho en común»
Niega ser un provocador y se declara partidario de la política cultural de la izquierda: «Zapatero es uno de mis ídolos»
Culto, polémico, sin pelos en la lengua. Gérard Mortier es todo lo que se espera de él, pero aderezado de una exquisita amabilidad, en una conversación salpicada con no pocas notas de humor. El actual director de la Ópera Nacional de París defiende con rotundidad, pero sin vehemencia, sus ideas sobre la forma de hacer ópera, un estilo que le ha dado serios quebraderos de cabeza. Abaratar precios, llegar a todos, ser capaz de crear algo nuevo con viejos títulos siguen siendo sus objetivos. Aunque «la política cultural de la derecha de reducir las subvenciones lo han puesto muy difícil». Por ello apuesta por la política de la izquierda y se declara admirador del presidente Rodríguez Zapatero.
Gérard Mortier: «Pedro Almodóvar y Verdi tienen mucho en común»
Gérard Mortier, ayer en una calle de Bilbao. / MAITE BARTOLOME
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EL PERSONAJE
Gérard Mortier nace en la localidad flamenca de Gante en 1943. Apasionado por la ópera desde su infancia toda su vida profesional está ligada a ella. Anticonformista y promotor de voces nuevas se dio a conocer internacionalmente durante su paso por el Teatro de La Monnaie de Bruselas, para después dar el gran salto en 1991 al Festival de Salzburgo, donde protagonizó algunos sonados escándalos teatrales. Desde 2004 es el máximo responsable de la Ópera Nacional de París.

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Gérard Mortier (Gante, 1943) estuvo ayer en Bilbao para dar una conferencia en el Forum Deusto sobre la pervivencia de Verdi en la sociedad actual. El proyecto de la ABAO de programar el 'Tutto Verdi', que comienza este sábado con 'Rigoletto', a Mortier le encanta y atemoriza por las dificultades que plantea.

Al frente del Festival de Salzburgo durante una década, el trabajo de Mortier fue ferozmente atacado por ciertos sectores que desaprobaban sus arriesgadas puestas en escena y elecciones de cantantes y directores de orquesta. Ya todo más calmado, este año volverá como espectador a la ciudad austríaca. Pero insiste, él no es un provocador, «el público es el provocador».

-¿Qué hace un mozartiano confeso como usted hablando en Bilbao de Verdi?

-Soy aficionado a Mozart y Verdi, pero no soy wagneriano, lo admiro, pero no es mi preferido. Verdi es uno de mis grandes amores. Crea unos personajes que todas las clases sociales pueden comprender y al mismo tiempo no es populista, ya que sus emociones son aristocráticas. Para mí Pedro Almodóvar y Verdi tienen artísticamente mucho en común. El cineasta español describe las cosas de forma realista, pero con poesía. Sus personajes son de verdad, sobre todo sus mujeres. Verdi también presenta las pasiones humanas pero con música, y ambos están interesados por las gentes de la periferia social. Además, la dramaturgia verdiana es comprometida, política. Esta es la gran diferencia, por ejemplo, con Puccini, al que detesto, lo mismo que Verdi. (Mortier tararea un fragmento de 'I Vespri Siciliani' para demostrar la genialidad del músico de Roncole frente a la «vulgaridad» de Puccini)

-¿Le parece que una función del teatro es todavía instruir, tener una misión política?

-Por supuesto. Wagner y Mozart, por ejemplo, también eran muy políticos, pero de otra forma. Creo que todos los grandes compositores tienen una función política, están comprometidos

-¿Qué le parece un proyecto tan ambicioso y a largo plazo como este del 'Tutto Verdi' que comienza la ABAO?

-(Risas) Primero, y esto es muy importante, espero vivir hasta verlo concluir. Personalmente, siempre he tenido miedo de representar a Verdi por los problemas para encontrar los cantantes adecuados. Además muchas de sus obras, de sus melodramas, están estrechamente ligadas al XIX y resultan muy difíciles de contar hoy. Otra cuestión es la orquesta, que necesita un buen director, alguien capaz de dar toda la importancia a cada nota.

-Tiene fama de intelectual beligerante y de provocador. ¿Cómo se ve usted?

-Yo no soy un provocador, es el público el provocador. Mi intención es contar las historias de una forma no convencional, ir contra la rutina. Desterrar la rutina en la ópera no es ser provocador, sino constructivo. Siempre apoyo a aquellos que quieren hacer algo diferente a condición de que lo que llega finalmente el espectador sea una pieza teatral completa.

Libertad de expresión

-¿Hubiera retirado de la Bastilla parisina 'Idomeneo' como ha sucedido en Berlín?

-No. Considero que es una muy mala decisión. Respeto todas las culturas y religiones, pero también combato los fanatismos. Ante todo debe estar la libertad de expresión. La caricatura me parece una forma de rechazar estos sentimientos. Siempre ha existido, no contra la religión en sí misma, sino contra lo que explotan estas religiones. Estas parodias están ligadas tradicionalmente a la representación del poder. El peligro está en que vivamos con miedo a los fanáticos.

-¿La multiculturalidad es posible en Europa?

-Europa ya es multicultural pero con una identidad común, ésa es su característica. Existen gentes de las cuatro grandes religiones, pero todas ellas surgieron en Oriente, así que Europa es laica. Aquí nunca nació una religión como tal, lo más parecido ha sido la celta. Por el contrario, las grandes ideas como el capitalismo y el marxismo, y la perversión de las mismas, fascismo y nazismo, son europeas. También lo son los dos grandes mitos modernos: Fausto, el pecador del espíritu, y don Juan, el pecador de la carne, del sexo. Los nacionalismos son un invento reciente, del XIX. Antes, en Europa había imperios y el problema del nacionalismo es que cada uno busca construir su propio imperio.

-La política cultural europea, a diferencia de la norteamericana que depende del mecenazgo, se basa en la subvención. ¿Cuál prefiere? ¿Considera que se puede crear con libertad si se depende del Estado?

-Europa ha sido siempre la gran promotora del sostén de la cultura. La Declaración de los Derechos del Hombre incluyó la educación y la cultura, y desde entonces el Estado tuvo que hacerse cargo de ello. Los americanos son puritanos y, por tanto, consideran el arte como algo privado. Los dos sistemas tienen ventajas e inconvenientes, pero sin dudarlo me quedo con el europeo. La subvención es más democrática, la política cultural pasa por el parlamento, y además no está sujeto al gusto de una persona en concreto, al mecenas, que puede ser bueno o abominable. Bajo el sistema de la subvención todos pueden opinar.

¿Qué política cultural prefiere, la de la derecha o la de la izquierda?

-Siempre la de la izquierda. Zapatero es uno de mis ídolos. España, tal vez como consecuencia de los años de dictadura, es un país que está en la vanguardia europea, es muy moderno. Algo similar ocurre con Alemania y Escandinavia, pero en éstos lo son por su sentimiento social.

-Cinco años después de su polémica salida del Festival de Salzburgo, ¿cómo lo ve en la distancia? ¿Sigue acudiendo como espectador?

-Tengo un recuerdo de dulce revolución, no fue violenta aunque muy comentada. La verdad es que no he vuelto, pero lo haré la próxima temporada porque considero que ya existe la suficiente distancia. El problema es que con la derecha gobernando en Austria las subvenciones disminuyeron y vuelve a ser un festival para la jet-set.

 
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