El lunes se agotaron las entradas para ver el miércoles a la actriz Juliette Lewis en el Kafe Antzokia. Entramos y Manu el Gallego nos advirtió a Pato y a mí: «No superáis la talla del español medio y no vais a ver ni hostias». Buf, el local estaba tan petado que no se podía ni entrar. Subimos arriba y ahí se veía algo entre las chicas («¿por qué toda esta gente falta en los bolos de punk rock?», preguntó inocente Pato) y se oía bastante bien.
Vimos la malla transparente que desnudaba el torso de la Juliette, vimos su sudor e imaginamos sus muslos de gimnasio mientras la pibita ponía poses de sexy indómita, se mostraba como una más entre los tíos de su combo, The Licks (lo cual le honra), y cantaba con poca voz, que le se notó en el lento vía Alanis Morissette.
Julieta comenzó con pluma india en su testa y se dispuso a rockear como Iggy Pop emulado por Texas Terri, o como un Wayne Kramer menos oblicuo. Cruzó a Patti Smith con Blondie, sus escuderos se marcaron riffs tipo AC/DC y acabó en el bis haciendo el indio con los tambores sonando al son de 'it's only R&R but I like it'. En su caso, creíble.