Euskaltel ha decidido mantener su identidad visual intacta. Tranquilos, por tanto, los cicloturistas que se han comprado uniforme de verano y uniforme de invierno para las escapadas domingueras. Tranquilos también los poseedores de camisetas de la compañía, gorras y otros atalajes. Vale todo. No hay que tirar nada a la basura por la llegada de Orange. La operadora vasca va a mantener el naranja como color corporativo.
¿Quién dijo miedo? «Nosotros estamos asentados aquí, el color naranja está plenamente identificado con la compañía y no vamos a cambiarlo. El que llega ahora es, en todo caso, el que debe preocuparse por la diferenciación», apunta su director general, Alberto García Erauzkin. Pese a ello, la compañía sí que ha decidido jugar con su imagen visual, incorporar nuevos colores para promocionar en el futuro sus productos o, incluso, para comercializar sus servicios en otros mercados fuera del País Vasco. Allí donde el naranja esté asociado a la marca francesa Orange.
Los responsables de Euskaltel han demostrado que se mueven bien en la 'guerra de guerrillas' comercial. No han pasado todavía al ataque, pero se han convertido en unos virtuosos taponando las vías de agua que Orange trata de abrir en el barco. Todo con tal de evitar que el cliente sufra la más mínima incomodidad.
Recarga de tarjetas
Hace algunos días la filial de France Télécom les cortaba la posibilidad de atender la recarga de tarjetas de los clientes de prepago. Ya le han encontrado remedio: Euskaltel sigue recogiendo las solicitudes de recargas, las transmite a una de las tres cajas de ahorros presentes en su accionariado -BBK, Vital y Kutxa- y son éstas quienes ejecutan la orden ante Amena. Igual que si un usuario realizase esa recarga en uno de los cajeros automáticos de esa entidades. Es un parche, pero de momento ha resultado efectivo.
Otra cosa son las nuevas altas. Hasta mediados de diciembre Euskaltel no estará preparada para dar de alta a nuevos usuarios en su propia plataforma, por lo que de momento utiliza el sistema tradicional: hacerlo como si nada hubiera pasado sobre el sistema de Amena. El problema es que «los ordenadores no paran de tener fallos».