Fernando Cruz cambió una oreja por una cornada en su debú en Vista Alegre el pasado agosto. El gesto del diestro madrileño, que no pudo salir a recoger su trofeo, le valió el IV trofeo Jesús Betes de la Bodega 'A la vergüenza torera', que recogerá esta tarde (19.45 horas) en el Club Cocherito de Bilbao.
-¿Qué es la vergüenza torera?
-Sobreponerte a las dificultades. Me da igual que sea el viento, la lluvia, la frialdad del público, el triunfo de un compañero o las dificultades del toro. Los toreros siempre debemos de estar por encima de las circunstancias, no podemos permitir que el público salga de la plaza diciendo que no ha pasado nada.
-¿A los matadores se les presupone la vergüenza torera?
-Pienso que sí. Es un requisito indispensable. No es algo que se aprenda o que puedas comprar en una tienda, pero a medida que pasa el tiempo, que te cuajas como ser humano y torero, la adquieres.
-¿Los toreros pierden la vergüenza?
-Pienso que no. Cada uno de nosotros debe de saber comportarse cuando no estás en la plaza. Hay que saber estar, independientemente de si vas vestido con chaqueta y corbata o de vaqueros. Si un torero sólo lo es cuando está en la plaza mal asunto.
-¿Qué tienen los toreros que tanto atraen a la prensa del corazón?
-Sinceramente no lo sé. Puede que los toreros tengamos gancho social. Todo cuanto nos rodea, incluido el traje de luces, sorprende y llama la atención, deslumbra. Aunque debo reconocer que no veo con buenos ojos la frivolidad con que ese sector de la prensa aborda la Tauromaquia.
-¿El pecado capital de los toreros es eludir su responsabilidad frente al toro?
-Quizá sí. El peor de los pecados de los toreros es salir a la plaza sin estar responsabilizado. En mi caso, reconozco que después de pisar plazas como Madrid, Pamplona o Bilbao, donde todas las tardes son de cara o cruz, vas a los pueblos a plazas portátiles y, sin darte cuenta, te tomas las corridas de otra manera, cambia la mentalidad. Son festejos de coger oficio, de aprendizaje, de preparación para los grandes compromisos.
-¿A qué compañero del escalafón admira por su sentido de la vergüenza?
-A El Juli. Es un torero de raza, de amor propio. Puede que al principio lo tuviera más fácil, pero cuando se consagró en figura del toreo se le exigió una barbaridad, quizás en exceso. Es un torero que no se cansa de aprender, de gran pureza, fiel a sí mismo, capaz de nadar contra viento y marea. Es un espejo en el que todos los toreros debiéramos mirarnos. ¿Qué capacidad de venirse arriba en los momentos más difíciles! Lo tiene todo.
-Los políticos recurren a veces a la expresión «vergüenza torera». ¿Tienen vergüenza nuestros políticos?
-(Risas) Sinceramente, no entiendo de política. Los veo a todos iguales. No se cansan de prometer. De todas maneras debe de ser complicado poner de acuerdo a tantos millones de personas. Lo que sí les pediría es que no dejen de pensar en el pueblo, al fin y al cabo somos quienes les votamos.
«Que nos respeten»
-¿Y los empresarios taurinos?
-Hay de todo. Los empresarios que gestionan las plazas importantes están avalados por la experiencia y la confianza de los profesionales del toro y las instituciones. Aunque les cuesta un mundo abrir paso a nuevos toreros, no te regalan nada. Otras cosa son algunos señores que se dedican a ofrecer espectáculos en plazas de menor categoría. ¿Deberían ponerse en nuestro pellejo! Seguro que nos respetaban más y cuidarían con más ganas todos los detalles: la ganadería, las enfermerías, los sueldos...
-Que la tauromaquia dependa del Ministerio de Interior en vez del Ministerio de Cultura, ¿es una vergüenza?
-Creo que sí. Ante todo, el toreo es un arte. No puede ser que siempre nos traten como a sinvergüenzas. Debemos estar más cerca de los intelectuales que de los policías.
-¿Cuándo fue la última vez que dijo: 'tierra trágame'?
-Vestido de torero en Logroño. Con el segundo toro de mi lote de la corrida de Victorino. No le veía ninguna posibilidad, era imposible. No me dejaba ni andarle por la cara. No se comía ni un muletazo. Siempre me veía cogido. Me puse dos o tres veces y al final opté por coger la espada. Creo que es el toro más difícil de mi vida. Me pitaron un poco. La gente no entendió que el toro no tenía un pase. Me sentí impotente.
-En las pasadas Corridas Generales de Abono, ¿cambió una cornada por una oreja?
-Sí. Era consciente de que para mí las Corridas Generales de Abono eran fundamentales. Puntué en Madrid y Pamplona, y Bilbao debía completar el círculo. Para mí el simple hecho de estar en Bilbao era un sueño, verme anunciado en sus carteles fue un regalo. Desde niño he visto muchas corridas en Bilbao por la televisión y siempre le he tenido un gran cariño. Hice un gran esfuerzo y no podía perder la recompensa por la espada. Me tiré a lo que fuera. El toro me pegó una cornada, pero estoy muy orgulloso de mi actuación. Si me dijeran que mañana vuelvo a torear en Bilbao, me gustaría que todo fuera igual. No cambiaría nada, ni la cornada.
-¿Ha sido Fernando Cruz el torero revelación de la temporada de 2006?
-Creo que no. Ha sido una temporada muy bonita, pero tanto como ser la revelación... Ahí tienes el caso de López Chaves: ¿Ese sí que tiene vergüenza torera! Valoro mi temporada, pero Domingo ha cuajado una campaña extraordinaria.