Aquí no hay fascistas. Aunque los estalinistas amenacen con que viene el lobo, aquí no hay, no. Por eso entre nosotros escandalizará una expresión bastante común en la escena británica. La del titular. Esa de que el rock es fascista debido al comportamiento gregario de las masas del rock. Decía en la revista Ruta 66 el inteligente superviviente del punk David Johansen, voz de los New York Dolls, que todo el rock actual le suena a música militar. Así lo percibimos el martes en el BEC, donde actuaron Muse ante sólo unas 3.000 personas. Los ingleses exigieron palmas con la gravedad totalitaria de Queen, redoblaron los tambores con una marcialidad que ya no gasta ni la Legión (que desfila con la cabra atada en corto; un símbolo de la merma de libertades, ¿verdad?), para darnos miedo se hartaron a meter imágenes de guerras virtuales sobre el colosal tablado (un universo con tanta luz), cantaron frases como 'tú y yo debemos luchar para sobrevivir' y osaron declarar en este periódico que la gente, el pueblo o lo que sea necesita líderes. ¿¿¿Un führer?!!
Buf, en el bolo nos quedamos con la mosca detrás de la oreja, pero con prudencia sopesamos que quizá exagerábamos. Luego, ante semejante declaración, nos reafirmamos. ¿Mira que reclamar líderes...! El caso es que Muse aburrieron por pretenciosos en su hora y cuarto pasada de intervención en tobogán con mucho relleno: sinfonismo entre 'El fantasma de la ópera' y Wagner, apabullamiento sónico y visual del pobre individuo (a la postre, pastueño), falsetes enfáticos, choques entre Supertramp y Placebo, guiños a AC/DC, Hendrix y Maiden... Y aquí el que suscribe, una neurona liberal, concluyó que ese martes debería haber oído a Raphael cantando en el Arriaga clásicos de la libertad individual tipo 'Qué sabe nadie'.