En el pub La Otxoa suenan de madrugada los últimos éxitos de El Arrebato, David Bisbal, Paulina Rubio, Rosa, Antonio Carmona... Y, al margen de modas, siempre hay un hueco para clásicos, del estilo de El Consorcio, Joaquín Sabina, Thalia y, por supuesto, sus temas más conocidos. «Vamos, lo que los modernos tildan de hortera, porque aquí lo que no tiene sitio es el 'bakalao'», se justifica José Antonio Nielfa. No le hace falta. El artista y empresario lleva marcando el ritmo nocturno de Bilbao desde hace treinta años, lo que le reconoce, de puertas para adentro, casi toda la competencia. ¿El secreto? «Poner música divertida y atender personalmente el negocio».
En una ciudad donde los turistas se quejan de la escasa oferta nocturna de ocio, La Otxoa es uno de los pocos locales en los que es posible tomarse un trago los días laborables rodeado de clientes. «La ciudad está muerta. ¿Y que también nos hemos 'europeizado'. La gente ya no sale tanto como antes», ironiza el cantante.
«Y a los que intentamos revitalizar la noche, el Ayuntamiento nos corta las alas. No nos deja ni respirar. Que si los ruidos, que si las quejas de los vecinos...», advierte José Arroyo, dueño del Bluesville -uno de los locales de moda-, The Loft y Congreso. Entre el 'botellón', los «restrictivos límites horarios» y que la Administración «no nos permite ofrecer una oferta innovadora», la facturación ha caído en los últimos tres años «un 50%. A los turistas no podemos ofrecerles sólo museos», explica. A pesar del revés y de que desde 1998 han cerrado casi el 10% de pubs, este sector ha logrado mantener «una situación estable», según Hostelería de Vizcaya.
Pero pocos son los negocios que pueden sacar pecho. Uno de ellos es el Kafe Antzokia, que salda los sábados con llenos espectaculares. Se ha ganado a la clientela con «una oferta variada de música», una intensa programación de espectáculos y unos horarios que le permiten estar abierto hasta las cinco de la mañana, cuando muchos locales ya han cerrado.
Tampoco ayuda el precio de las copas. La Otxoa admite que «salen caras» -más de 5 euros-, pero no tanto, si, como es su caso, «hay que asegurar a los 7 empleados, pagarles las vacaciones, renovar la vajilla que te rompen... Entonces salgo barato», explica mientras suenan los últimos éxitos de Fangoria y Tino Casal.