OLMO Este comentario va dirigido a todos ustedes, queridos lectores, que no se dan perfecta cuenta del lujo que tienen en sus casas cuando abren el grifo de la cocina o del cuarto de baño y ven salir el agua limpia, pura, potable y abundante. A todos ustedes, que consideran esto como la cosa más natural del mundo, va dirigido este comentario retrospectivo de homenaje a aquellos paisanos nuestros de tiempos pretéritos, que no disponían en sus casas de este lujo y tenían que acudir a buscar el agua a las fuentes públicas.
He citado la palabra lujo y no creo haber exagerado nada porque si hoy hay que ofrecer auténticas gollerías para calificar a una vivienda lujosa, hace poco más de un siglo se llegaba ofrecer el agua como artículo de lujo. En estas condiciones se entiende perfectamente el servicio que prestaban aquellas populares fuentes públicas de color negro, realizadas en fundición mostrando una especie de monstruo con la boca abierta del cual salía el grifo dorado y con una gran concha para recoger el agua. Hoy aún se pueden ver en varias plazas para uso de los niños que van por allí a jugar y necesitan beber agua.
Pero hubo un tiempo en que a estas fuentes acudían los vecinos con sus baldes en busca del preciado líquido del que no disponían en sus domicilios. Y el servicio eran tan necesario que un invierno en el que las bajas temperaturas llegaron a helar las cañerías, el servicio de limpieza se vio obligado a recorrer las calles con sus carros llenos de virutas y hacer fogatas al pie de las fuentes para calentar las cañerías.
Como prueba de la importancia que en aquel Bilbao de antaño tenían las fuentes públicas les citaré un par de gacetillas publicadas el año 1878: «Ayer comenzó el derribo de la casa número 22 de la calle de Bilbao la Vieja, en cuyo solar van a ejecutarse hermosos edificios. Con este motivo se nos ruega elevemos la voz a quien corresponda a fin de que no desaparezca la fuente que existe adosada a aquella casa y que surte de agua al numeroso vecindario de la barriada que nos ocupa».
Hay que suponer que quien corresponda atendería el ruego y respetase la fuente pública de Bilbao la Vieja evitando que el vecindario se quedase sin agua. Y dicho esto vayamos con la segunda gacetilla, que tiene más gracia y más miga. Deo volente se la contaré mañana.