Lunes, 30 de octubre de 2006
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EL BAFLE
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El sábado se montaron en Bilbao dos citas de metal que al final no pudimos compaginar debido al retraso de la primera. Así que nos quedamos sin catar a los suecos sinfónicos Evergrey, con sus huestes de fans heavies coriáceos y endomingados, y nos conformamos con el público underground y cuasipunk que acudió al Azkena a ver a los españoles Moksha y Moho. Abrieron aquéllos, cuatro catalanes que se atrevieron con una habanera y a los que se notó molestos por la actitud de la poca peña, que les hacía sentir que prefería ver a Moho. Con camisetas de Brujería (el vocal gutural, que no se ganó al público), Madeira (el baterista) y Calexico (el bajista, que no compartía la estética enlutada y aquí dio el último bolo con Moksha), se mostraron timoratos en todo, hasta al presentar un número crustie («todos tenemos un pasado», se excusaron) o al decir que habían traído merchandising («por si a alguno le interesa»), y destacaron al final en un par de sacudidas vía High On Fire.

Luego los madrileños Moho se los pasaron por la piedra desde la primera canción. Da pena que un grupo de semejante categoría atraiga a unos puñados de aficionados y que les ignoren los veteranos consumidores de hard rock setentero y los chavales colgados con el rollo fumeta. Expansivos y progresivos pero hipnóticos e inmediatos, Moho atrapan en sus divagaciones espesas, en sus prospecciones de larga duración que a veces azuzan al metal con el bramido de Sepultura, a menudo viajan como Los Natas argentinos y siempre invocan a Black Sabbath y arman con matemática abigarrada según la escuela Mastodon unas piezas oscuras, rugidas y auténticas en las que les cupo un guiño mudo al 'Ace Of Spades' de Motörhead.

 
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