Miércoles, 8 de noviembre de 2006
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SOCIEDAD

ANÁLISIS
Abrir las puertas de la ciencia
Abrir las puertas de la ciencia
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Los científicos constatamos con cierta amargura que la historia, la política, el derecho, la economía o la literatura son disciplinas cuyos contenidos tiñen, de forma más o menos sistemática, más o menos intuitiva, el acervo de una persona culta. Entiéndase, no se trata de encontrar por la calle especialistas en todas y cada una de esas disciplinas, pero sí la certidumbre de que, en nuestro universo intelectual, una persona con criterio, una persona formada e informada, una persona cuyas ideas pueden ser respetadas, siempre tendrá una idea clara de qué es una constitución política, qué idiomas principales hablan los latinoamericanos o por qué son conocidos Aristóteles, Colón o Hitler.

Pero una persona culta no ve comprometida su reputación si confiesa la más abrumadora ignorancia de las leyes de la física de Newton, o de los principios de la meteorología, la evolución o la electricidad. Es más, a menudo en la persona culta, en la persona culta 'standard', no sólo destaca una buena formación humanística, sino una simétrica y absoluta ignorancia científica, una ignorancia que incluso se airea públicamente, sin vergüenza ninguna, casi con divertida ostentación, como si fuera un flanco débil en la ilustración del individuo, pero un flanco anecdótico, perdonable y, en el fondo, bastante intrascendente.

No hay forma alguna de ignorancia que pueda ser objeto de ostentación, pero a menudo me pregunto si ese injusto arrinconamiento que padece la ciencia, dentro del bagaje colectivo, no es tanto culpa de los demás como de nosotros mismos, de los científicos, que sólo en una pequeña medida hemos dedicado esfuerzos a divulgar ese saber.

En ese aspecto existe una responsabilidad compartida. Buena parte de la sociedad mantiene una injusta indiferencia ante la ciencia, pero quizás los científicos también hemos trabajado a espaldas de la sociedad; manteniendo cerradas las puertas de los laboratorios, cerradas las tapas de nuestros libros. Por eso, eventos como la V Semana de la Ciencia y la Tecnología, que ahora se inicia, y en cuya organización participa la UPV/EHU, es una buena oportunidad para cambiar de hábitos, para poner a la ciencia en su sitio, para despertar la curiosidad de los jóvenes hacia ella.

Porque estoy seguro de que cualquier persona culta sabe y debe seguir sabiendo quién fue Mozart, pero habrá que reconocer que detrás de Einstein o Copérnico no sólo se esconden nombres y biografías, sino también el conocimiento de todo un universo: el nuestro.

 
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