Miércoles, 8 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

VIZCAYA

DE CUANDO EN CUANDO
El peleón
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

OLMO Hablábamos ayer del especial talante de aquellos bilbaínos y bilbaínas de finales del XIX y comienzos del XX que eran por lo visto mas propensos a las broncas que los actuales villanos. Sobre todo a las broncas domingueras, que eran los días más proclives a escándalos, camorras y pendencias. Esto de los domingos pendencieros no me lo he inventado yo, que lo he sacado de una gacetilla publicada el 17 de julio de 1883, donde se puede leer este párrafo explicativo: «Anteayer, como domingo, no faltaron ca-morras y pendencias en nuestra villa, especialmente en los barrios extremos». Y no crean que eran un par de riñas o broncas aisladas, sino más bien una sucesión de ellas, según se deduce de este otro párrafo de la noticia: «Todos los agentes de la autoridad eran pocos para dirimir cuestiones y poner coto a los escándalos y desmanes».

Tal como decíamos ayer, algunos de los protagonistas de estas broncas eran conducidos al hospital si necesitaban asistencia a cuenta de los mamporros o bien a la Prevención si el exceso de escándalo exigía responsabilidades.

Otros, por su especial talante peleón y camorrista y por estar dotados además de una fuerza fuera de lo normal, tuvieron que visitar dos recintos de detención; primero la Prevención y después la casa-galera, que era una especie de cárcel de mas categoría y sobre todo provista de calabozos con puertas a prueba de puñetazos.

Y aquí viene lo de ese individuo que pasó por los dos recintos la misma noche; primero por la Prevención y después por la casa-galera, ya que la Prevención no disponía de medios para hacer frente a la fuerza de sus puños. La noticia se publicó el 13 de julio de 1883 y decía así: «Un individuo muy conocido en esta villa, que frecuentemente promueve disputas con su consorte, tuvo anteanoche un nuevo altercado con ésta, produciendo con tal motivo fuerte escándalo. Conducido al cuarto de Prevención, al sujeto aludido no debió agradarle el aposento donde se le había encerrado, pues a puñetazos hizo trizas la puerta de entrada, por lo que hubo necesidad de llevarle a la casa-galera».

La noticia termina aquí, de donde se deduce que en la casa-galera tenían calabozos con puertas a prueba de puñetazos y pudieron al fin amansar al bronquista. Lo que no entiendo es que su mujer se atreviese a promover frecuentes disputas con un marido que, además de peleón, era capaz de romper puertas a puñetazos.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo