Felipe A. U., autor confeso de la muerte de Ofelia Hernández, pudo apuñalar a su ex pareja de forma «premeditada», «consciente» y sin que su trastorno límite de la personalidad le indujera a acabar con la vida de la joven guatemalteca en enero de 2005. Según el testimonio ofrecido por los médicos forenses durante la tercera sesión del juicio celebrada ayer en la Audiencia vizcaína, las pruebas del pelo, orina y sangre realizadas al acusado no pudieron acreditar que apuñalara a la víctima bajo los efectos del alcohol, al no haber podido ser practicadas en las primeras horas que siguieron al crimen. No obstante, los análisis demostraron que antes de matar a Ofelia, el imputado no había tomado 'speed' u otro tipo de anfetaminas, tal y como él mismo sostuvo en la primera sesión del juicio, en la que también declaró que había ingerido una gran cantidad de alcohol. Los forenses también descartaron durante su intervención que el inculpado sufriera una falta de memoria total en el momento de cometer el asesinato. En todo caso, pudo tener «mínimamente alteradas» sus facultades mentales, insistieron.
Para los médicos, Felipe cometió actos que desde un punto de vista objetivo fueron realizados de forma «lúcida», como lo demuestra el hecho de esconder el puñal en una jardinera o no entrar en la pizzería en la que se refugió Ofelia. Según explicaron, las personas que mantienen un trastorno límite de la personalidad presentan unos rasgos de inestabilidad con reacciones impulsivas que pueden derivar en comportamientos agresivos. «Son conscientes del bien y el mal y aunque a veces pueden ver alteradas sus facultades volitivas -de voluntad-, nunca pierden las cognitivas -conocimiento-», explicaron.
La autopsia
A juicio de los médicos, el impulso de matar a Ofelia podría haber sido «más comprensible» desde el punto de vista de su cuadro clínico si hubiera sido fruto de su trastorno. No obstante y para que esto sea así, el imputado tendría que haber recordado en las horas previas al asesinato un estímulo «nuevo y desencadenante» que le hubiera provocado una situación de tensión e ira que le llevara a acuchillar a su víctima. Sin embargo, en las entrevistas que los médicos mantuvieron con el sospechoso el 17 de enero y el 16 de febrero, Felipe no citó ningún episodio que le indujera a comportarse de forma violenta. Por este motivo, los forenses insistieron en que el acusado podría haber matado a Ofelia «de forma premeditada». «El hecho de que padeciera un fallo en su personalidad no quiere decir que todos los hechos que estas personas cometen en su vida se deban a este trastorno», explicaron.
Por otra parte, los forenses que practicaron la autopsia a Ofelia informaron de que su asesino le clavó un cuchillo en el abdomen -10 centímetros de profundidad-, que le seccionó el hígado, el páncreas y la vena cava. Como consecuencia de las heridas, la mujer tuvo una fuerte hemorragia, seguida de un 'shock hipovolémico', causa final de la muerte. Ofelia también presentaba heridas leves en las dos manos y un hematoma en el antebrazo, producidas posiblemente en «un acto instintivo para apartar el cuchillo» y protegerse del agresor. Pese a todo, los facultativos recalcaron que su muerte podría haberse evitado si hubiera respondido bien a la operación y a la transfusión a la que fue sometida. Ofelia llegó al hospital semiconsciente y con una tensión muy baja y, aunque falleció, los forenses aseguraron que recibió la «atención médica normal y necesaria para que pudiera salvar su vida».