En una valoración política, el concejal de Promoción Económica y principal impulsor de la carrera, Ricardo Barkala, reitera la necesidad de desprenderse de la mercancía y se ratifica en la validez del evento: «Las World Series fueron un buen producto. Pero para un año no tenían sentido y sin consenso no podían continuar. Lo más coherente era deshacerse del material».
El blindaje también había interesado a los responsables del circuito de carreras de Igualada (Barcelona) y Monteblanco (Huelva). Sin embargo, Bilbao Urban Circuit rechazó sus propuestas porque «sólo ofrecían pagar los costes del transporte», explica el consejero delegado de la sociedad, Marcos Muro, en la que participan el Ayuntamiento y la Diputación. Tampoco prosperó la opción de que la institución foral utilizara los muros de hormigón en las carreteras, ya que su perfil no garantizaba la seguridad del tráfico.
Pese a que la oferta de Bucarest no cubre ni de lejos los 2,2 millones que costó la protección, Muro defiende la operación en la práctica -se deshacen de un blindaje muy difícil de 'colocar'- y en el libro de contabilidad. «El coste ahora era cero, porque su valor ya se había imputado a la cuenta de resultados», aclara.