Viernes, 10 de noviembre de 2006
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VIZCAYA

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El fiscal eleva a 24 años la petición de cárcel al apreciar maltrato y asesinato
La defensa también modifica su calificación y pide 7 años para su cliente por un homicidio con abuso de superioridad
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Las tres acusaciones -fiscal, Ayuntamiento de Durango y asociación Clara Campoamor- pidieron ayer en bloque 24 años de cárcel para Felipe A.U., acusado de matar en enero de 2005 a su compañera sentimental, Ofelia Hernández, una joven guatemalteca de 32 años, por los delitos de asesinato con alevosía (20 años), quebrantamiento de condena (1) y violencia doméstica habitual (3), y los agravantes de parentesco y reincidencia.

El ministerio público endureció su calificación inicial al entender que las pruebas presentadas a lo largo del juicio, que terminó ayer en la Audiencia vizcaína con el inicio de las deliberaciones del jurado, demuestran que «Ofelia y sus hijos vivían en un clima irrespirable de temor y sometimiento». Según la Fiscalía, las dos denuncias presentadas por la víctima en julio y septiembre de 2004 por agresión y amenazas, y su propia muerte, acreditan la existencia del delito de maltrato «producido de forma sistemática» y con el fin de «menoscabar la paz familiar». La fiscal exigió también la prohibición de acercarse durante 25 años a los dos hijos de la mujer, una niña de cuatro años y un niño de once.

La acción popular se unió también a la asociación Clara Campoamor al definir los hechos como un asesinato alevoso. En un primer momento, incluía la alternativa de homicidio. «La cuchillada -tan profunda que le atravesó el hígado y el páncreas- fue asestada de forma inesperada, con frialdad y delante de sus hijos. Si no la remató, fue porque no pudo», advirtió la letrada. Según confesó el propio Felipe A.U., aquella noche se armó con dos cuchillos y, sin mediar palabra, clavó uno de ellos «en la tripa» a Ofelia, lesión que horas después le provocaría la muerte en un hospital. «Fue un crimen frío, con un móvil claro: este hombre sentía odio», valoró la abogada. Para la representante de Clara Campoamor, «era una muerte anunciada». «Le dijo: 'Si no te vas de la casa, te voy a limpiar el forro, y lo hizo», recordó.

La defensa también cambió su escrito inicial al asumir que Felipe A.U. cometió un «homicidio agravado con abuso de superioridad» (seis años y tres meses de prisión), quebrantamiento de condena (nueve meses), y los atenuantes de trastorno límite de la personalidad, adicción al alcohol, arrepentimiento y reparación del daño al haber depositado los padres del acusado 36.000 euros en el juzgado.

Con la razón o el corazón

Al arrancar el juicio, el letrado reclamaba para su patrocinado la eximente completa o incompleta por una psicopatología, pero los psiquiatras dejaron claro el miércoles que esa dolencia «no es una enfermedad mental, sino un tipo de personalidad, de forma de ser», como recordó ayer la fiscal. «Estaba lúcido, no descontrolado», insistió la representante del Consistorio durangués, para quien «no se ha probado cuánto alcohol bebió, ni si pudo afectarle en sus facultades».

En un aplaudido alegato final, el abogado defensor instó a los nueve miembros del tribunal popular a que «no decidieran con el corazón, sino con la razón y conforme a derecho». «Ha sido una horrible tragedia con un resultado funesto, pero no deben dejar que la rama les impida ver el bosque», aconsejó.

Esta parte aumentó la petición de condena de tres años y nueve meses de internamiento en un centro especializado de desintoxicación, a siete años, e introdujo una cuestión para el debate: «¿Por qué sólo le asestó una puñalada? Dudo sinceramente de que existiera voluntad de matar, no lo hizo y pudo hacerlo, y se enteró de la muerte de Ofelia cuando se lo dijo su tío al día siguiente». Sentado al lado de su abogado, aunque aparentemente ausente, Felipe A.U. mantuvo la mirada perdida durante toda la sesión, incluso en los momentos de mayor carga emotiva.

La abogada de la asociación feminista destacó que la intervención de los amigos de Ofelia, «su único apoyo aquí, su bastón», representaron durante el proceso, «su voz, la que Felipe nos arrebató».

Los nueve jurados y dos suplentes permanecen incomunicados desde primera hora de la tarde de ayer, cuando se les entregó el objeto de veredicto, y hasta que decidan si el acusado es culpable o inocente.

 
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