Sábado, 11 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

VIZCAYA

DE CUANDO EN CUANDO
El tuerto
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Continuamos hoy con la correspondencia desfaciendo un tuerto, para contestar así a un lector apellidado B. que corrige (y con razón) una afirmación mía asegurando que se debe decir tuerto y no entuerto. Lo que yo quería decir (y lo dije en otro comentario posterior) es que en el Quijote, frente a la creencia común no se habla de desfacer entuertos sino tuertos.

Para los estudiosos del Quijote, les puedo ofrecer como prueba el capítulo XXIX, que «trata del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar a nuestro enamorado caballero e la asperísima penitencia en que se había puesto». Allí se inserta el siguiente párrafo: «...la cual viene en busca de vuestro amo a pedirle un don, el cual es que le desfaga un tuerto o agravio que un mal gigante le tiene fecho». (Hay alguna otra cita similar más, pero lamento no haberlas anotado).

Queda por lo tanto aclarado que tanto tuerto como entuerto, son vocablos equivalentes y que significan agravio, aparte de alguna otra curiosa acepción. Porque tuerto, no sólo se refiere a los faltos de vista en un ojo, sino también a los que tienen la vista torcida, y entuerto es también el dolor de vientre que suele sobrevenir a las mujeres poco después del parto.

Y deshecho este tuerto o entuerto, cierro por hoy la escribanía contestando a José Ángel B., que además de enviarme la historia completa de la Escuela de Náutica que estuvo tantos años a la orilla de la ría junto al puente de Deusto, me recuerda a los indocumentados comentaristas deportivos que cuando algún jugador mete un gol desde un lado del campo, dicen que lo hace escorado, sin molestarse en buscar en el diccionario el significado de dicho vocablo que se refiere tan sólo al buque que se inclina por la fuerza del viento.

Y puestos a añadir coladuras añade también el citado comunicante en su larga misiva el error (que ya he expuesto yo más de una vez en mis comentarios) de llamar pateras o cayucos a las embarcaciones donde viajan los emigrantes (que no inmigrantes como habitualmente se dice) porque según la acepción del diccionario, suponer que con esas embarcaciones se puede navegar de África a Canarias es como creer que con un globo cautivo se puede llegar a la luna. OLMO

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo