Durango sirvió ayer de plataforma para lanzar el movimiento ARCO, un proyecto que pretende recuperar la agricultura tradicional gracias a la implicación de los consumidores. La iniciativa, cuyo lema es Agricultura, Responsabilidad Compartida, ha surgido de la mano de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y del sindicato agrario EHNE «Partimos de que la alimentación es un derecho, no una mercancía», expresó Paul Nicholson. Según el miembro de EHNE todavía hay mucho trabajo por hacer. «El modelo actual de agricultura es destructivo para la cultura y las explotaciones familiares», consideró.
Los impulsores del proyecto defienden la «soberanía alimentaria» frente a la especialización de países en productos muy concretos que, a su juicio, generan muchas «desigualdades». Andoni García, miembro de la ejecutiva de COAG, defendió un modelo «campesino» de producción, que pone el acento en «las alianzas entre productores y consumidores», en lugar de la industrialización y la «especulación agrícola».
Representantes de diversas asociaciones de países como Suiza, México, Francia o Portugal, han compartido sus experiencias ante el centenar de asistentes a las jornadas sobre agricultura celebrados estos días en Durango. En sus ponencias destacaron la estabilidad que supone para los pequeños productores contar con unas ventas aseguradas, apalabradas de antemano con los consumidores. El beneficio de estos últimos radica en la confianza que les ofrece conocer el origen de su compra y abonar un precio asumible, ya que no entran en juego intermediarios que pueden encarecer el producto.