Miércoles, 15 de noviembre de 2006
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VIZCAYA

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«¿No nos pasará lo mismo que a los de Arnuero?», se preguntan los vecinos
Los propietarios afirman que cuando compraron «todo estaba en regla»
«¿No nos pasará lo mismo que a los de Arnuero?», se preguntan los vecinos
PRIVILEGIO. Rafael y María disfrutan de una vistas envidiables de Castro desde su terraza.
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Los vecinos de la urbanización Mirador de Ostende todavía no han reaccionado. Algunos ni siquiera conocían ayer la existencia de la sentencia que declara nula la licencia de construcción del edificio en el que viven desde hace nueve años. Los que sabían del fallo judicial permanecían a la expectativa, pero con una intranquilidad «que va a más, a medida que nos vamos enterando de nuevas cosas», reconoció Rafael Burgos.

Este bilbaíno, «del barrio de Arangoiti», y su esposa María ocupan como primera vivienda «desde hace ocho años» uno de los pisos de la promoción. Desde su terraza disfrutan de una de las vistas más privilegiadas que se pueden tener de Castro. «Es una maravilla», admitieron. Como otros vecinos, el matrimonio se enteró de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria «por la prensa». «Al principio no le di más importancia, pero ahora, con las autoridades hablando de derribos, empiezo a asustarme. ¿No nos irá a pasar lo mismo que a los de Arnuero?», preguntaba María.

Para la pareja, la referencia al caso de la urbanización El Encinar, en la que la demolición de los primeros dos bloques es inminente, resulta inevitable. «Estuvimos a un pelo de comprar uno de aquellos apartamentos», desvelan. «Nos libramos porque nos parecía que estaban un poco solitarios y al final nos decantamos por una vivienda de veraneo en Ajo. Sería el colmo que nos hubiésemos librado de aquello y ahora sufriésemos lo mismo aquí», reflexionaban ayer.

La posibilidad de perder el piso les asusta y por eso consultarán «a la administradora y a quien haga falta para ver qué podemos hacer», advirtieron. Lo mismo harán otros residentes, como Itziar. La mujer, antigua vecina de Las Arenas, se enteró a mediodía de ayer de la situación. «Se me acaba de atragantar la comida. No sabía nada. No me lo puedo creer. ¿Pero si nadie nos había dicho nada!», reaccionó.

Buscar asesoramiento

Junto a otra vecina -una joven que vive de alquiler en uno de los inmuebles-, Itziar recordó que cuando adquirió su piso «todo estaba en regla». «No entiendo nada. Si todos los permisos están bien... ¿Qué pasa, que la sentencia es retroactiva?», se preguntaba antes de que la llamada de su hijo interrumpiese la conversación.

Al otro lado del teléfono, la voz de su familiar la tranquilizó. «Habrá que ir al Ayuntamiento a pedir todos los datos y la sentencia», comentó la mujer. Otros, como Aitor, llegado desde Barakaldo en 1998, recibían la noticia con tranquilidad. «No he oído nada, pero bueno si tiran, que tiren», dijo. Tras pensarlo mejor, el joven admitió que «habrá que hablar con el administrador y algún asesor para ver qué dicen». En 1998, el precio de las viviendas oscilaba entre los 78.000 y los 150.000 euros. Hoy alcanza los 245.000.

 
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