OLMO No pude acudir al acto que se celebró en Bilbao en el que cinco científicos de prestigio se dedicaron a desmontar diversas creencias consideradas como falsas. No pude asistir y lo siento, pero he leído con interés el reportaje que se publicó en estas páginas, y les aseguro que me he sentido satisfecho, porque sus teorías (sin duda fundadas y acreditadas) inciden en un tema que a mí me resulta especialmente atractivo: el de los supuestos viajeros extraterrestres que nos visitan una semana sí y otra no.
Yo, desde mi humilde ignorancia, he dudado siempre de la existencia de esos pendones del espacio. Creo en la posibilidad de que en esas 100.000 millones de galaxias, cada una con sus 100.000 millones de estrellas (los datos los saco del reportaje) lo que hacen unos 10.000 billones (con B de burro) de estrellas si no me fallan las cuentas (y si me fallan, ustedes perdonen) existe sin duda la posibilidad de que vivan por ahí algunos otro seres inteligentes.
Lo que siempre he puesto en duda es que esos habitantes de otros mundos hayan venido alguna vez al nuestro, y me agrada saber que mi punto de vista coincide con el de esos investigadores. Y no sólo por razones científicas, sino también por razones lógicas. Porque si estos viajeros espaciales llevan ya más de medio siglo (algunos dicen que incluso milenios) visitando la Tierra, resulta difícil de digerir que nunca hayan dejado la menor prueba tangible de su visita.
Sin embargo, he de confesar que me resultan agradables, e incluso divertidos, los relatos de los que han estado en contacto con los extraterrestres y hasta aseguran haber confraternizado con ellos. Han tenido que ser muchos, porque hasta el diccionario de la RAE incluye en sus páginas el vocablo abducción, para definir este tipo de confraternizaciones, y que dice así: Abducción: Supuesto secuestro de seres humanos, llevado a cabo por criaturas extraterrestres, con objeto de someterlos a experimentos diversos en el interior de sus naves espaciales».
Agradezco a esos cinco científicos y sobre todo al biofísico Félix Goñi, mi buen amigo y compañero en el ilustre y bilbaíno Club Saguzar, que me hayan ofrecido tantas razones para dudar de la visita de los pendones del espacio. Ya estaba yo en ello, pero bueno es que conste en un documento oficial.