Viernes, 17 de noviembre de 2006
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Los humillados buscan tajada
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Borat es un grosero, machista y racista, pero aunque sus bromas infantiles de «pipi, caca, culo» hayan tenido éxito en personajes como Torrente, nunca hubiera sido el 'hit' mundial que es si no hubiera encontrado tanta empatía en los americanos con los que se cruza por el camino y aparecen en la plícula. Son éstos los que se retratan ellos solos con todo lo peor de Borat, los que le bombardean ahora con demandas en busca de reparar su honor y pillar tajada del récord de taquilla.

En las dos primeras semanas el falso documental ha recaudado más de 60 millones de euros, desplazando a películas de glamurosos actores como Emma Thompson, Russell Crowe y Brad Pitt. Dicen que sólo James Bond podrá pararle, pero aun si lo hace será una victoria pírrica. La última entrega del agente 007 ha costado casi 80 millones de euros en producción y otros tantos en márketing, mientras que el presupuesto del deleznable Borat se limita a 15.000 míseros euros.

Entre los que hacen fila en los juzgados para compartir su prosperidad destacan los dos jóvenes de la Universidad de Carolina del Sur, que le suben a la rulot cuando hace autostop, y empapan en cerveza su desencanto con la rubia de vigilantes playeros, mientras le animan con comentarios machistas.

Pantalones bajados

Sin abogados, pero igual de indignada, está la productora del canal de Jackson (Mississippi), que le puso en el aire. Dice que después de eso su jefe no ha vuelto a confiar en ella, y cree que esa es la razón por la que no le han renovado el contrato. En la cola está David Davis, recepcionista del hotel Adolphus de Dallas al que Borat entra con los pantalones medio bajados, mostrando los calzoncillos y practicando su recién aprendido lenguaje de la calle.

Todos ellos firmaron el contrato legal que les tendieron los productores al final de la grabación, aunque nunca se les informó del verdadero uso que se haría de las imágenes. Se quedaron con el argumento de la película, que sitúa a Borat al frente de un reportaje educativo sobre EE UU. Algunos pensaron que era para un canal de viajes y otros, como la mujer de Alabama que intenta enseñarle a usar el retrete, pensó que procedía de «una comunidad tribal».

Los que pican el anzuelo para quedar como ingenuos salen bien parados, incluyendo la actriz Pamela Anderson, que después de llevarse el susto de su vida cuando Borat le mete un saco por la cabeza en pleno centro comercial ha doblado el número de guardaespaldas. Quienes trinan son los que se dejaron llevar por la falsa camaradería para escupir epítetos racistas y homófobos de los que ahora se ríe medio mundo.

Sus propios compatriotas se avergüenzan de ellos, y aunque esta vez el bochorno no traiga beneficios políticos, como ocurriese con la cinta de Michael Moore, la película sigue en cartelera en muchos cines de Nueva York con sesiones cada media hora. Divierta o indigne, la curiosidad mata al gato.

 
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