Rosendo Mateu lleva más de 30 años creando perfumes, populares y «de prestigio», de los que hay que rascarse bien el bolsillo para dejar huella. Es el autor de clásicos como 'Agua Brava', 'Quorum', 'Brummel', 'Estivalia', 'Vétiver', 'Herrera for men'... Dirige el centro de creatividad de la firma Puig y es uno de los 'narices' internacionales más prestigiosos.
Bastaba fijarse en el respeto y admiración que infundía en la delegación de ejecutivos de Loewe, Yves Saint Laurent y Lancôme que asistieron a la cata nacional de fragancias organizada por Marionnaud. Este encuentro presentó en sociedad los lanzamientos de 'A mi aire', de Loewe; 'Lovely', perfume de la actriz Sarah Jessica Parker; 'L'homme', de Saint Laurent; 'Miracle forever' de Lancôme; y 'Flowerbom' de Viktor&Rolf. Un asunto complejo porque son numerosas las fragancias que se presentan cada temporada y pocas las que sobreviven en un mercado al borde de la saturación.
Mateu ha tenido suerte. «Me perduran muchas». Y no sólo aromas, sino jabones y geles de baño. «El olor es una cuestión ancestral». Advierte que los perfumes dejan un rastro diferente según quién se lo eche y dónde.
-¿Un perfume nunca huele igual?
-¿Cambia mucho! Oler en París, Barcelona, Nueva York... Es distinto. Como estar cerca del mar, en un clima húmedo... Todo afecta a la percepción.