Domingo, 19 de noviembre de 2006
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Vecinos de la casa en la que voló el tejado culpan al Ayuntamiento de Portugalete del siniestro
El barrio lleva 25 años fuera de ordenación y «prohíben realizar grandes reformas»
Vecinos de la casa en la que voló el tejado culpan al Ayuntamiento de Portugalete del siniestro
Un vecino observa los destrozos por el viento. / MITXEL ATRIO
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Un vendaval estuvo a punto de provocar una tragedia en Portugalete el viernes. Eran las 20.30 horas cuando el tejado de un bloque voló por los aires en el barrio de El Roble. No hubo víctimas, pero doce familias tuvieron que abandonar sus hogares. Tras pasar la noche en hoteles o en casa de familiares, los residentes se despertaron «indignados». Para los afectados, no se trata de un mero accidente provocado por vientos de hasta 100 kilómetros por hora. Los inmuebles se encuentran en mal estado y responsabilizan del incidente a las instituciones. «Llevamos 25 años fuera de ordenación urbana, lo que nos prohíbe hacer profundas reformas», denuncia Miguel Ángel Manceras.

El Ayuntamiento es el principal blanco de sus iras. Es el organismo encargado de expedir las licencias de obra, cuya concesión en El Roble no es tarea sencilla. «Nos dicen que hagamos los trabajos, aunque bajo nuestra responsabilidad», narra Manceras. Muchas de las 42 familias decidieron seguir adelante con la rehabilitación de fachadas y tejados. Los propietarios del portal número 4 no realizaron mejoras y, al final, han perdido la cubierta.

A su vez, el Consistorio culpa de la situación al Gobierno vasco. El Ejecutivo autónomo es el propietario de la parcela afectada y prevé construir pisos protegidos en la zona. «Es un plan previsto desde hace tres o cuatro años. Se lo están tomando con excesiva calma», se lamentó el concejal de Urbanismo, Francisco Ruiz. Hasta que el proyecto salga adelante, la Corporación local asegura sentirse con las manos atadas para permitir reformas. «Debemos evitar todo tipo de especulación que haga inviable el desarrollo urbanístico», subrayó el edil.

Después del vendaval, no termina de llegar la calma al barrio. Una mujer de 60 años tuvo que ser ingresada ayer en el hospital de Cruces, aquejada de un ataque de nervios. Pronto recibió el alta médica. Diez de las familias regresaron a sus viviendas, pero siete personas permanecen desalojadas y temen por sus pertenencias. «No hay techo ni plásticos para proteger el piso. Si llueve, los muebles quedarán inservibles», se queja Ana Mercader.

El tejado fue a parar a un patio cercano. El susto fue mayúsculo. Hasta el punto que María Ángeles fue en busca de su madre, Leoncia Casado. «Hay persianas rotas y muchos daños», constata. Por suerte, no hay daños estructurales. Ahora, toca retirar los escombros.

 
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