Si a uno le mandan a freír espárragos, ya sabe que su lugar está en la cocina. Pero ¿y si le envían a hacer puñetas? Pues también está bajo cubierto... sólo que en la cárcel. Porque las puñetas son precisamente esos encajes que llevan las togas de los magistrados en las bocamangas, y hace siglos las encargadas de elaborarlas eran las presas. De ahí su origen.
Éstas y otras verdades sorprendentes salieron a la luz ayer en Bilbao. Y lo hicieron en un lugar también peculiar, el Palacio de Justicia, que celebraba su jornada de puertas abiertas con una exposición itinerante que sólo podía visitarse durante la mañana. La muestra, además, está organizada por el Consejo General del Poder Judicial y ha estado en los tribunales superiores de media España.
«Es curioso, la verdad», asentía Ernesto Arranz, mientras leía la anécdota de los vuelillos. Y no era la única que despertaba interés. Mediante seis paneles ilustrados, los visitantes podían descubrir los 'misterios' de este poder. Y enterarse, por ejemplo, de la relación que hubo entre Justicia y Religión al principio de las civilizaciones. Según la exposición, los Diez Mandamientos de Moisés, por ejemplo, son el antepasado prehistórico de las constituciones.
Sin vendas
«Es interesante...», musitaba Ana, otra visitante, mientras devoraba cada texto con vivo interés. La vizcaína salió de la sala con más cosas en la cabeza de las que traía: averiguó que hay hasta seis dioses diferentes para representar a la Justicia y que «ninguno tiene los ojos vendados».
Aparte de los que ella ya conocía -la diosa egipcia Maat, la griega Themis y la romana Iustitia-, existe en la mitología nórdica un fortachón llamado Forseti dispuesto a defender este valor a capa y espada. Y en Mesopotamia, el icono elegido para representarlo era Shamash, una especie de disco solar con ocho puntas.
La muestra, titulada 'Símbolos y ritos de la Justicia', también tenía una parte más práctica, al estilo de la decisión de Salomón, uno de los jueces más conocido de todos los tiempos. Para José Miguel Cirión, otro de los que se adentró ayer en el Palacio de Justicia, era «lo mejor». «Yo soy un profano en la materia: no tenía ni idea de cómo se colocaba la gente en una sala y ahora no tengo dudas», se felicitaba al salir.