Domingo, 26 de noviembre de 2006
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VIZCAYA

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El pintor de Paracuellos
Se cumplen setenta años de la muerte del pintor bilbaíno Álvaro Alcalá Galiano, uno de los máximos exponentes de la pintura paisajista y mural de la primera mitad del siglo XX
El pintor de Paracuellos
COSTUMBRES. Campesinos pintados por Alcalá Galiano. / EL CORREO
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Ante el avance de las tropas rebeldes, el 6 de noviembre de 1936, se tomó la decisión de trasladar el Gobierno republicano a Valencia. Madrid parecía perdido con el enemigo ya a sus puertas. Al día siguiente, entre dudas e interpretaciones varias, se ordenó sacar a los prisioneros de la cárcel Modelo. La mayor parte de los internos eran afines al bando rebelde y, entre ellos, destacaba un número nada desdeñable de oficiales. La primera orden que recibieron las milicias encargadas de la evacuación fue la de llevar a todos a cárceles alejadas de Madrid e, incluso, se barajó la posibilidad, de conducirlos hasta Valencia.

El miedo, la tensión y los ánimos de venganza por verse rodeados y por conocer las tropelías de los fascistas en aquellos lugares que habían «liberado», hicieron que los hechos se precipitaran de forma dramática. El mismo día 7 se cargaron de prisioneros tres autobuses de dos pisos y los condujeron a una vega situada en el municipio de Paracuellos del Jarama. Una vez allí los presos fueron fusilados.

Las ejecuciones continuaron durante todo noviembre y aunque el día 27, tras las protestas airadas del Cuerpo consular acreditado en Madrid, se detuvieron, volvieron a reanudarse. Hubo que esperar al 8 de diciembre para que, gracias a la intervención del anarquista Melchor Rodríguez García, conocido como el Ángel Rojo y nombrado Inspector de Prisiones, se detuviesen los fusilamientos. Todo el horror de aquel mes de noviembre de 1936 en Paracuellos caería como una losa sobre el bando republicano.

Bagaje nobiliario

Uno de aquellos represaliados fue el pintor bilbaíno Álvaro Alcalá Galiano. Su final le llegó el 27 de noviembre cuando se ordenó evacuar a todos los internos de la cárcel de San Antón. Su destino, el mismo que el de sus predecesores: Paracuellos. El delito de aquel artista nacido en Bilbao el 21 de mayo de 1873, fue el de pertenecer a la organización política de derechas Acción Española. Ese fue el 'pecado' que truncó la carrera de uno de los pintores vascos con más proyección tanto nacional como internacional de su tiempo.

Álvaro Alcalá Galiano Vildósola fue un pintor aristócrata. Tal y como se cita en sus reseñas biográficas a su nombre se unieron a los largo de su vida títulos tales como el de Conde del Real Aprecio, Mayordomo de semana del Rey Alfonso XIII y Maestrante de la Real de Zaragoza. No se obvia tampoco el origen familiar ya que, por línea materna, sus raíces estaban en Italia y emparentaba con los Doria; mientras que, por parte de padre, le unían lazos con antepasados aristocráticos de Huesca.

Junto este bagaje nobiliario también se destacan los premios y reconocimientos obtenidos como fruto de su labor pictórica. Una trayectoria que comenzó desde muy joven. Sus primeros maestros fueron Lecuona y Adolfo Guiard. Pero fue en la localidad francesa de Ciboure -la familia de su abuela materna, doña Matilde Privat de Coste, era de Francia-, lugar en el que gustaba de pintar exteriores, donde recibió la primera oferta de interés. El por entonces director de la Escuela de Bellas Artes de París, M. Gervex propuso al joven trasladarse a París para formarse junto al maestro M. Bonat. Sin embargo, su madre tomó la decisión de mandarle a Madrid. Su primer maestro en la capital fue Jiménez Aranda.

Durante ese tiempo Álvaro colaboró en las páginas del diario ABC. La fama de Sorolla animó al bilbaíno a trabajar bajo su dirección. Fue durante esta etapa durante la que, según algunos biógrafos, Alcalá Galiano no sólo profundizó en las técnicas pictóricas sino que se enfrentó a un discurso totalmente opuesto a sus convicciones políticas. El maestro Sorolla, que no ocultaba sus simpatías por las ideas izquierdistas, no desaprovechó la ocasión de provocar al aristócrata bilbaíno con su discurso. Toda una peligrosa tentación para quien se sentía profundamente monárquico y de derechas. Quizá por ello, Alcalá Galiano marchó a Holanda donde pintó una soberbia colección de marinas que, expuestas en París, obtuvieron un enorme éxito.

Implicación política

A su etapa holandesa le siguió una estancia en la Bretaña francesa donde también pintó marinas y paisajes de la región. El resultado fue fantástico. Tanto que obtuvo muy buenos ingresos. Uno de los cuadros de esta colección, el titulado 'La bendición del mar en Bretaña', obtuvo uno de los premios en el salón de los artistas franceses de París. Con tanta buena reputación, la Diputación de Vizcaya le encargó pintar el techo del salón del trono, obra que terminó en 1903.

A partir de ese momento sus obras se presentaron en las mejores exposiciones, tanto nacionales como extranjeras. Es de destacar su participación en las de París en 1904, 1905 y 1911. Durante aquel tiempo los premios y reconocimientos a su labor se multiplicaron. Se le reconocía como a un maestro y se le valoraba económicamente como tal. Su enorme éxito le favoreció como el designado de honor para pintar los techos del Palacio de Justicia y del Ministerio de Marina de Madrid. Sin embargo, su obra pictórica no fue algo exclusivo. Como buen amante de las artes y de la cultura, fue el impulsor, en 1915, de la creación del Ateneo de Bilbao del cual él mismo fue su primer presidente.

Poco a poco, el pintor bilbaíno que tiempo antes se había casado con Isabel Chávarri, hija del capitalista vizcaíno don Benigno Chávarri, se introdujo en el universo de la intelectualidad de su época. Sus convicciones monárquicas se reforzaron con el advenimiento de la II República. Fue entonces cuando su implicación política se hizo patente y se encuadró, junto a otros intelectuales conservadores, en la organización Acción Española de tendencia abiertamente antimarxista. El desenlace de su vida quedó unido a sus convicciones. Acción Española se posicionó, desde antes incluso de estallar la guerra, con todos los movimientos proclives a un alzamiento y Alcalá Galiano fue arrollada por los acontecimientos. Detenido por sus ideas, ingresó en la prisión madrileña de San Antón. El 27 de noviembre de 1936 fue fusilado en Paracuellos del Jarama.

 
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