La fiscal sorprendió ayer a la sala de vistas en el juicio por el crimen del taxista al dar una vuelta de tuerca a su tesis y plantear en el alegato final que el cuchillo era de Eduardo Robredo y que fue él quien «agredió por primera vez» a Reiny E.P., el joven dominicano de 21 años acusado de su muerte. La representante del ministerio público no cambió, sin embargo, su calificación de homicidio ni la petición de 12 años de cárcel. La acusación particular pidió al tribunal popular una «pena ejemplar» con efecto «disuasorio» para los «navajeros», mientras que el abogado de Reiny apeló a la «legítima defensa» y al «instinto de conservación» de su cliente.
Los nueve miembros del jurado tienen ahora la «responsabilidad» de dictar un veredicto «del que están pendientes muchas personas, entre ellas una viuda y dos niñas, el gremio de los taxistas y el pueblo entero de Bilbao», recordó José Ricardo Palacio, abogado de la familia de la víctima. La primera y fundamental pregunta a la que deberán encontrar respuesta los jurados es si fue un homicidio, un asesinato o si actuó en defensa propia.
La Fiscalía modificó ayer su escrito de calificaciones en el que apuntaba la «procedencia desconocida» del arma homicida para, tras cuatro sesiones de pruebas testificales y forenses, afirmar que «lo más lógico es que lo llevara Don Eduardo». Un cuchillo de 17 centímetros de hoja, más el mango, «no se puede llevar por la calle si no es en una bolsa o en bolsillos amplios». A juicio de la fiscal, el conductor profesional lo guardaba en el taxi con un «objetivo puramente ornamental». La acusación particular recordó en sus conclusiones que se trataba de un «cuchillo chino de mala calidad» que podía haber comprado en un «baratillo alguien que no tenía dinero como Reiny». «No se ha aportado ninguna prueba de que el taxista tuviese un cuchillo», zanjó.
Ninguna de las partes pone en duda que Reiny E.P. acabó con la vida de Eduardo Robredo tras clavarle el cuchillo en un punto vital. La pregunta para la fiscal es «por qué». «El desencadenante fue el dinero, pero hubo algo más que miradas, descalificaciones, insultos racistas... La situación de violencia fue 'in crescendo' hasta que en Goiko Torre, Don Eduardo estalló y se giró hacia Reiny». Para la acusación pública, el conductor «fue el primero que hizo uso del cuchillo» y provocó cortes en la cara al procesado.
«Si hubiera querido le cose a puñaladas». Para el representante de la familia de la víctima, el taxista fue atacado «por la espalda y de forma sorpresiva», lo que en Derecho Penal se consideraría un asesinato con alevosía, por el que pide 17 años de cárcel. Fundamenta esta acusación en que el cadáver de Robredo, un hombre de 1,93 metros de altura y 130 kilos de peso, presentaba un tajo en la parte derecha del cuello. El vehículo rodó marcha atrás hasta chocar contra una farola «porque no le dio tiempo a echar el freno de mano». Aunque no faltó dinero del taxi, el letrado sospecha que el «móvil del robo» pudo guiar al acusado.
Fiscalía y acusación particular coinciden en que no cabe alegar defensa propia. «Reiny se hace con el cuchillo y deja a Eduardo desarmado. No tenía ninguna necesidad de matarle, podía haberse ido», argumentó la fiscal. «A esto en Derecho se le llama venganza», sentenció Palacio. La defensa mantuvo su principal alegación. «No se le puede pedir a nadie que actúe con serenidad cuando un hombre más corpulento se vuelve y le hiere. Su intención no fue matar, sino herir», indicó la abogada de oficio.
El caso alberga aún numerosas dudas. Utilizando el símil de la fiscal, algunas piezas del puzzle no encajan. Si como cree la Fiscalía el apuñalamiento se produjo «cara a cara», ¿por qué la herida mortal se produce en la parte derecha del cuello y no en la izquierda». Los forenses indicaron que el ataque pudo realizarse «desde atrás». Si el taxista fue el primero en atacar, ¿porqué no hay sangre del imputado ni en el arma homicida ni en el interior del coche». ¿Qué lleva al acusado a mentir en sus primeras declaraciones afirmando que había quedado con su hermano y que acaba de estar en casa de su novia? Una discusión por un euro, ¿puede desencadenar tal grado de violencia? «Sólo hay dos personas que podían saber la verdad, y uno de ellos está muerto», recordó la fiscal.
La defensa pide la absolución o alternativamente 5 años de cárcel con las eximentes o atenuantes de trastorno mental, consumo de estupefacientes, arrepentimiento espontáneo y miedo insuperable. Las dos acusaciones «rechazaron cualquier posibilidad de exculpar o eximir a Reiny». Los psiquiatras confirmaron ayer que «era consciente de sus actos» y los análisis toxicológicos no apreciaron drogodependencia, sólo un consumo reciente de cannabis. La actitud «desafiante y fría, sacando la lengua a los taxistas» prueban que no se arrepintió, ni sintió «terror», sino que «realmente quería matar». «No se entregó, sino que fue rescatado por la Policía», recordó la representante del ministerio fiscal en referencia al intento de linchamiento.
Al final del juicio, el acusado siempre tiene «la última palabra» y Reiny E.P. la usó: «Quiero pedir perdón a la familia de ese señor. Estoy arrepentido, no quería que llegase a tanto. No tenía otra elección». El presidente de RadioTaxi, Ángel Hierro, contestó que harían «como que no lo habían oído». El gremio clama «justicia» y cree que la «película» planteada por la Fiscalía no se corresponde con el carácter «pacífico» de su compañero.