El grupo de Detroit MC5 es una leyenda del rock que ha medrado tras su disolución en 1972. Sus miembros eran revolucionarios investigados por la CIA, pero al final dos de ellos, Kramer y Davis, acabaron en el talego por el acto más capitalista posible: traficar con droga. Este par, más el batería Thompson (de ahí el sufijo DKT del nuevo apelativo), han reactivado la máquina con la ausencia de los difuntos Tyner y Smith, y los resultados no resisten la comparación con la resurrección de sus paisanos coetáneos Iggy & The Stooges. Ya nos lo olimos en el Azkena Rock Festival '04, pero nuestra buena fe nos llevó a culpar al equipo de técnico, perjudicado por el diluvio.
Sin embargo, el sábado en la sala Santana 27 se confirmó el peor presagio. Los MC5 actuales 'representan' un papel. El sonido es duro, compacto, pero falta la sensación de peligro. El único que aporta algo genuino es Wayne Kramer con el hacha, pero peca de cargante en los discursos. Y los vocales invitados, Lisa Kekoula (Bellrays) y Dick Manitoba (Dictators), parecen circenses. Lo mejor cayó en los bises y ya no había defensa posible para el grupo.