Muchos la reconocerán. Una mujer alta, de larga cabellera gris recogida en una coleta y acompañada de varios gatos. Muy digna, echando un pitillo con gesto sosegado junto a alguna de esas vecinas que la llevaba algo caliente. El concejal de Acción Social, Jon Sustatxa, la puso como ejemplo de integración. La mujer cambió las calles por una residencia. El reto municipal es ahora buscar un albergue más grande para estancias estables porque el de Elejabarri, salvo en invierno, sólo permite acogidas de tres días. Un local de La Misericordia está en sus miras.